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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

La guerra del gas congela a Europa

Los ciudadanos del país más pobre de la UE, de los que varias decenas ya han muerto por falta de combustible, se rebelan contra un Gobierno ineficaz y en manos de las mafias

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Bulgaria sucumbe al frío y al caos
Ucranianos transportan madera en un carro tirado por un caballo para calentar sus casas ante la falta de suministro de gas. / REUTERS
Dos años después del ingreso en la UE, Bulgaria, el país más pobre de la Europa comunitaria, sigue sin solucionar los problemas heredados del pasado comunista y en algunos aspectos empeorados por el capitalismo de corte mafioso que impera en este Estado balcánico. El Gobierno del socialista Sergey Stanishev está políticamente paralizado y las mafias económicas, que controlan sectores importantes de los aparatos del poder, son los amos del país. Tanto es así que Bruselas se ha visto en la obligación de frenar su ayuda financiera porque Bulgaria «no es capaz de obtener los plenos beneficios de esta asistencia por la crítica debilidad de su capacidad administrativa y judicial».
Por si fuera poco, la guerra del gas entre Rusia y Ucrania afecta dramáticamente a Bulgaria y demuestra lo frágil que es en lo económico y político, y su dependencia del gigante ruso. El país se ha hundido literalmente en el caos. Unas doscientas empresas han tenido que cerrar por falta de combustible, que en Sofia se ha reducido en un 70%. Las autoridades han llegado a cortar el gas en hospitales, escuelas, oficinas y la calefacción ha desaparecido en decenas de miles de hogares. El próximo martes podrían haberse agotado las reservas.
Pero lo más grave del asunto es que ha muerto gente de frío, sobre todo ancianos. Es difícil de determinar la cifra exacta, pero según los cálculos más rigurosos entre treinta y cuarenta personas, quizá más, han perecido. Aunque la causa del fallecimiento no sea, oficialmente, el frío, «a nadie se le escapa que el verdadero culpable es la falta de gas y de calefacción», dice Bojan Stanislavski, un joven sindicalista búlgaro afincado en Varsovia desde hace varios años. Stanislavski lamenta que «Bulgaria esté en la Unión Europea pero sus ciudadanos vivan como en un país del Tercer Mundo, sin que esto preocupe demasiado a Bruselas».
«Catástrofe humana»
Diliana Dradilova, empleada en la Administración pública búlgara en Sofia, divorciada y madre de dos hijos, no puede ocultar su indignación por la dramática situación. En conversación telefónica destaca que «estamos viviendo una verdadera catástrofe humana. Europa no se lo puede figurar. Mi hija dejó de ir al colegio porque no hay calefacción en las aulas, y tampoco en el despacho donde trabajo. Han cerrado algunos hospitales. La gente está asustada, sobre todo los ancianos. Hace frío, mucho frío, y no tenemos gas ni para calentar un café o una sopa ni para ducharnos como Dios manda». Dradilova pide a Europa que «nos ayude, porque no podemos seguir así», y denuncia una paradoja: el gas no llega a muchos hogares, pero «el precio de la calefacción se ha incrementado en un 19%».
Los contrastes sociales en Bulgaria son considerables y desde el día 1 han subido bienes de primera necesidad. El sueldo mínimo, tras la última subida gubernamental, apenas alcanza el equivalente de 125 euros al mes y las pensiones, después de la revalorización, a 62. En este contexto, es comprensible que la mayoría de los búlgaros, que manifestó su satisfacción por el ingreso de su país en la UE, se sienta ahora defraudada por Bruselas -según el Instituto de Investigaciones Alfa, sólo el 47% sigue confiando en la Unión y el 60% no sabe qué es el Tratado de Lisboa- y esté hasta la coronilla de su Gobierno.
Dada la situación, muchos búlgaros han dicho basta y se han lanzado a la calle a protestar contra la pobreza, la corrupción y la ineficacia de sus gobernantes. Desde hace varios días, los alrededores del Parlamento están siendo escenario de manifestaciones exigiendo cambios radicales en la política del Ejecutivo. El miércoles hubo violentos enfrentamientos entre jóvenes radicales y la Policía que acabaron con 30 heridos y 160 detenidos. «El malestar irá creciendo si el Gobierno no cambia de política neoliberal y no se atreve a luchar eficazmente contra la corrupción», vaticina Stanislavski.
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