Eroski vivirá mañana una jornada histórica. Si no hay sorpresas de última hora, la asamblea del grupo vasco de distribución dará luz verde al proyecto más ambicioso y de mayor envergadura -también uno de los más controvertidos y debatidos- que ha puesto nunca en marcha: convertirse en la mayor cooperativa del mundo. Para ello, aspira a conseguir que sus más de 47.000 empleados por cuenta ajena se transformen en socios de la compañía. La apuesta resulta muy ambiciosa. Sobre todo, si se tiene en cuenta que actualmente sólo unos 8.000 trabajadores son propietarios.
Son 500 los delegados en representación de los dos colectivos de socios que integran Eroski -trabajadores y consumidores- los convocados mañana en Elorrio para debatir y votar el proyecto que el grupo puso en marcha hace dos años con el objetivo de consolidar y garantizar su esencia cooperativa. Desde hace ya mucho tiempo, esa es la gran apuesta de la firma integrada en la Corporación Mondragón. Sin embargo, hasta el momento no lo ha logrado debido, en gran medida, a su gran expansión por toda España, donde la cultura cooperativa es mucho más débil que en Euskadi.
Un proceso complejo
Los responsables de Eroski están convencidos de que en esta ocasión sí alcanzarán la ansiada meta de convertir en cooperativistas a la totalidad de su plantilla. Para ello han diseñado un plan -el que será aprobado mañana- que, en grandes líneas, contempla transformar sus empresa filiales -distribuidas a lo largo de toda la geografía española- en cooperativas mixtas de trabajo asociado. Cada una de esas sociedades estaría participada por los trabajadores y por Eroski. A su vez, se creará una cooperativa de segundo grado, que aglutinará a todas esas sociedades mixtas y en la que Eroski tendrá, inicialmente, la mayoría. Para culminar el complejo proceso, que arrancaría en febrero tras ser aprobado por la asamblea, serán necesarios varios años.
Durante los últimos meses los responsables de Eroski han tenido que entregarse a fondo, tanto para explicar las ventajas de esta iniciativa como para contrarrestar las críticas que ha generado en determinados ámbitos, muchos de ellos cercanos a la izquierda abertzale. La cooperativa ha tratado de dar en todo momento una imagen de normalidad, pero no ha podido evitar que su proyecto se haya visto inmerso en una agria polémica.
Centro de decisión
Básicamente, las acusaciones se han centrado en que la culminación del plan de cooperativización puede provocar que el centro de decisión de Eroski se aleje de Euskadi y que, a su vez, ello debilite su vinculación con Mondragón. Las críticas adquirieron tal cariz que el propio director general del grupo de distribución, Agustín Markaide, tuvo que intervenir el pasado septiembre en el congreso de la corporación para explicar en profundidad el plan y reafirmar el compromiso de la cooperativa con Mondragón.
Pero esas explicaciones no convencieron del todo y las discrepancias se plasmaron incluso en la comisión permanente -máximo órgano de decisión entre congresos-, algunos de cuyos miembros se oponían a apoyar el plan. Según algunas fuentes, la tensión llegó a tal extremo que Eroski incluso advirtió de que podría abandonar la corporación si no conseguía el respaldo a su iniciativa, extremo negado por la cooperativa. Al final, la comisión aprobó por unanimidad el proyecto.
Cabe esperar que, pese al apoyo logrado, en la asamblea de mañana se escenifiquen algunas posiciones contrarias. Pero Eroski está convencido de que el plan recibirá el apoyo masivo de los delegados -baraja que incluso supere el 80%-, lo que permitirá pasar página a la controversia e iniciar el proceso para convertirse en la mayor cooperativa del mundo.