Se llamaban Cristina, Mikel y Andoni. La historia volvió a repetirse. Jóvenes que no habían hecho nada a nadie, cargados de recuerdos, ilusiones... Sus nombres quedaron grabados para el recuerdo en un panel del instituto Zaraobe de Amurrio después de que sus vidas se perdieran en el asfalto de la A-625, en el punto kilómetrico 354. Es la triste realidad que se esconde detrás de las frías estadísticas, unos números que el pasado año se cebaron de forma especial con los jóvenes puesto que cinco chicos menores de 24 años se dejaron la vida en las carreteras interurbanas de Álava (el total fue de 23). El balance es del todo preocupante puesto que en el ejercicio precedente, el balance de víctimas mortales en este segmento de edad quedó en blanco, vacío.
Según la serie histórica del Departamento de Interior del Gobierno vasco, estos cinco muertos es la peor cifra registrada desde 2005, año en el que fallecieron seis jóvenes, uno de ellos con menos de 13 años. Desde entonces, la tendencia predominante ha sido la de una evidente mejoría, con tres muertos en 2006 y ninguno al año siguiente.
No es necesario hacer sesudas reflexiones para dar con el porqué de las malas cifras de 2008. Quizá es una salida fácil, pero todos los expertos consultados coinciden en achacarlo a la «mala suerte». «No es normal sufrir accidentes como el de Amurrio. No hay una respuesta lógica. Pero el trabajo de concienciación con los jóvenes sigue dando buenos resultados, explican. Para muestra, los diez fallecidos en 2002 o los ocho de 2003, cifras bastante más abultadas que las recabadas en el último lustro.
En lo referido al resto de tramos de edad, se ha notado un importante repunte en el comprendido entre 45 y 64 años, con diez muertos, cuatro más que el año anterior. Por contra, el descenso ha llegado en la población de entre 25 y 44 años, con sólo cinco fallecidos frente a los doce que hubo que lamentar en 2007.
En general, edades aparte, no ha sido un buen año para las carreteras alavesas. La cifra final de muertos no sólo no se ha reducido sino que ha aumentado de 22 a 23, un pequeño revés porque Álava continúa sin poder bajar de la barrera psicológica de la veintena. El pesimismo se redobla cuando las cifras se comparan con las de Vizcaya, territorio que sí ha conseguido un importante descenso de la mortalidad al bajar de 26 a 21 víctimas. En Guipúzcoa, por contra, se ha dado una tendencia similar a la vivida en Álava, con un incremento de muertes -de 32 a 33-.
No más descensos
Los expertos, pese a todo, huyen del alarmismo. «Hemos hecho un montón de pequeñas cosas en poco tiempo y cada vez es más difícil encontrar algo para conseguir bajadas fuertes. Nos va a costar seguir trabajando», explica Luis Murgia, asesor de movilidad y seguridad vial del Real Automóvil Club Vasconavarro. (RACVN). Su diagnóstico incluso lleva una pequeña dosis de pesimismo: «Ojalá me equivoque pero creo que no habrá más descensos hasta dentro de una década, por lo que el mero hecho de mantenernos está bien».
Para el Departamento de Interior «todavía queda margen de mejora», sobre todo en aspectos puntuales como pueden ser los atropellos, los siniestros en motos o el consumo de alcohol y drogas al volante.
Las estadísticas de 2008 también reflejan tendencias muy positivas, como es el número de heridos graves que han dejado los accidentes. Quizá son los grandes olvidados de los siniestros, pero su cifra no es baladí. Un total de 65 personas sufrieron heridas de cierta consideración durante el pasado año, 35 menos que en 2007 y la mitad que los contabilizados en 2004, cuando hubo 126 -en 2003, 166 y en 2002, 184-.
También ha descendido de forma considerable el número de heridos leves al registrarse 480 víctimas frente a los 608 de 2007. La misma tendencia se da en el apartado de accidentes de tráfico con víctimas, que han pasado de los 457 de 2007 a los 374 de 2008. El lunar, sin embargo, aparece en el balance de accidentes sin víctimas, que ha aumentado de forma casi inapreciable, pero no deja de ser un aumento -ha pasado de 1.276 a 1.280-.
Las estadísticas de la Ertzaintza también han confirmado que sólo una persona pierde la vida en cada accidente mortal. Durante el pasado año, se dieron dos excepciones y ambas en la A-625, en el término municipal de Amurrio. En el primero, murieron tres jóvenes y en el segundo, un hombre y una mujer tras un choque frontal.
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