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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

TAU Cerámica

TAU CERÁMICA

El base, incapaz de aguantar la presión del TAU, probablemente disputará mañana sus últimos minutos oficiales, ya que se irá el día 25

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Shakur, su propio enemigo
Shakur, al término de un partido de Euroliga. / JESÚS ANDRADE
El dorsal 22 anda en bancarrota en el seno baskonista. Su portador, Mustafa Shakur, no ha cumplido con las expectativas. Ni siquiera ha alcanzado el mínimo exigible. Perdido, presa de los nervios salvo en contadísimas ocasiones, sus apariciones oficiales se han ido reduciendo hasta la anécdota. Tan mal lo vieron sus superiores que hace meses iniciaron la búsqueda de un sustituto. El elegido a finales de diciembre fue Vlado Ilievski. La entrada del macedonio supuso su defunción definitiva como azulgrana, aunque el membrete oficial se retardará aún hasta el domingo 25.
Pese a esta muerte anunciada -que sólo cambiaría en el supuesto de que Prigioni o Ilievski se lesionaran en los próximos once días- ha sido producto de varios condicionantes. El más flagrante; la incapacidad del propio jugador para amoldarse a la exigencia del TAU Cerámica y de su preparador, Dusko Ivanovic.
La sensación generalizada en el seno azulgrana es que 'Mus' -como le llaman sus compañeros- posee los mimbres adecuados para sobrevivir en la primera línea continental. Exhibe un físico privilegiado, condición básica en un torneo tan exigente como la Euroliga. Es listo. Le acompaña la rapidez. De hecho, sus escasos destellos ofensivos siempre han venido en transiciones.
Como Robert Conley
Sin embargo, en un calco de lo sucedido en 2004 con Robert Conley, Shakur se ha derrumbado psicológicamente. El nerviosismo ha vencido al atleta. Y por 'k.o.' además. Desde Portal de Zurbano apuntan su «buen hacer» en los entrenamientos. El problema es que todos sus progresos se diluían al colgarse el uniforme oficial. Especialmente en los partidos como local.
Quizá le haya pesado también la inexperiencia. Con un atrayente recorrido en el instituto y algo menos en la universidad, el director de juego de Pennsylvania aterrizó en Vitoria con un insuficiente bagaje profesional. Sólo había militado en el Prokom polaco.
Así que todo fue nuevo para este internacional estadounidense hasta los 21 años. La complejidad de la Liga ACB, la presión diaria en el Baskonia, el desconocimiento de los diferentes criterios arbitrales... Todo sumó en su contra. Y la moral del jugador, con un parecido más que razonable al actor Jaleel White, el Steve Urkel de 'Cosas de casa', pronto se derrumbó.
Se llevaba a su domicilio cintas de los encuentros. Escrutaba cada jugada, tratando de corregir sus errores. Pero no hallaba antídoto a su peor enemigo; su mente, que le bloqueaba casi cada vez que saltaba a la cancha.
Enseguida, los rivales se percataron de su debilidad y, cada vez que Ivanovic le señalaba con el dedo, las defensas se abalanzaban sobre él. Casi se convirtió en una costumbre que le birlaran la pelota en su primera o segunda posesión.
Agonía creciente
En una escuadra adicta al triunfo como el Baskonia, su tembleque supo a rayos. Sus minutos pronto valieron menos que la acción en bolsa de una empresa inmobiliaria. Ivanovic, sabedor de todos los 'ochomiles' que restaban por atacar, exigió un recambio. Éste se demoró y la agonía de Shakur no hizo sino crecer a cada comparecencia cubierta.
Casi con las campanadas de fin de año arribó Ilievski y ahí se le terminaron las oportunidades. Ahora, a once días de su marcha, Shakur quizá dispute mañana sus últimos minutos oficiales.
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