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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

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E sto de los folletos gratuitos se está convirtiendo en una especie de epidemia. El señor García, que hace colección de folletos, vino en su última visita a mi estudio trayendo en la cartera la última cosecha que pudo recoger en una sola mañana en dos farmacias, dos bancos y un centro de salud. Total cinco visitas.
En ellas hizo acopio de todos los folletos que se ofrecían a la clientela y como resultado de esta recolección, puso sobre mi mesa más de cuarenta folletos de todo tipo. En los de tipo bancario había ofertas para aumentar la rentabilidad de las empresas, para garantizar el futuro, para enviar dinero en el acto, para ahorrar, para cuidar a la familia, para llevar agua potable a Etiopía y para que te regalen una cafetera. Lo que en lenguaje coloquial solemos definir como la repanocha. (Aquí hago punto y aparte para que respire mi amigo Gonzalo que sufre disnea en los párrafos largos).
Después de esta primera revisión, el señor García pasó de la serie bancaria a la medicinal para presentarme los folletos que pudo recoger en el centro de salud y en un par de farmacias. Aquí las ofertas son también abundantes y variopintas, incluyendo consejos para cuidar los dientes, ventajas de la homeopatía, piel firme y sin arrugas, salud y belleza natural, remedios para el dolor muscular, test instantáneo de drogas, curiosas papilas para adultos inapetentes, jalea real y hasta apoyo familiar domiciliario.
En esta especialidad terapéutica y preventiva me hizo gracia un folleto titulado 'Vive caminando', según el cual se puede mejorar la salud tan sólo con el ejercicio de andar y, sobre todo, usando las escaleras en lugar del ascensor. Pero creo que este consejo no va a tener mucho éxito entre los jóvenes actuales. Lo digo con conocimiento de causa, basándome simplemente en la cantidad de vagos juveniles que usan los ascensores del metro por no caminar cien yardas y bajar dieciocho escaleras.
Y terminado el escrutinio de folletos, el señor García los volvió a guardar uno a uno en la cartera y se despidió de mi hasta la próxima cosecha.
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