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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

ANTE LOS RECURSOS QUE SE PRESENTARÁN

El lehendakari agradeció en un acto privado su apoyo a 350 cargos y afiliados congregados en Sabin Etxea

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Juan José Ibarretxe no pudo ocultar ayer su contrariedad por el archivo de una causa que había exigido personalmente llevar hasta el final. La decisión del tribunal de dar carpetazo al juicio en su segunda sesión ha alterado las previsiones con las que trabajaban el lehendakari y su equipo, que compartían el convencimiento casi generalizado de que la Sala acordaría que se celebrase la vista por el desaire que lo contrario podría suponer para los magistrados que la han instruido desde sus inicios. En ese caso, el candidato peneuvista se habría plantado a las puertas de la campaña electoral, previsiblemente, con una sentencia absolutoria bajo el brazo que le habría permitido presentarse, por un lado, como adalid del diálogo y, por otro, como víctima de un castigo político injusto y arbitrario.
La resolución judicial le complica en cierta medida la estrategia -como reconocía en privado algún miembro del Gobierno-, aunque los peneuvistas están convencidos de que el sobreseimiento es igualmente 'vendible' como un triunfo de Ibarretxe. Además, supone un motivo de alivio para el EBB, según se admite en círculos jeltzales, porque le permite concentrar todas sus energías en la campaña electoral y mantener sin distorsiones sobrevenidas su mensaje, que pone todo el énfasis en el combate contra la crisis y en la complicidad y cercanía con el ciudadano y sus problemas cotidianos, más allá de las batallas habituales de la política pura y dura.
De hecho, Iñigo Urkullu dio ayer por «vencedor» del trance al «diálogo político» y consideró que, con la decisión del tribunal, queda demostrado que Ibarretxe «hizo lo que tenía que hacer, como venía repitiendo el PNV». «Hay que trasladar a la sociedad vasca la satisfacción que tenemos porque lo que algunos han pretendido, que es sentar el diálogo político en el banquillo de los acusados, no tiene ningún sentido», enfatizó el presidente jeltzale. Incluso, y aunque reconoció tener «muy presente» el precedente del 'caso Atutxa' -que acabó con una condena para el ex presidente del Parlamento pese a la sentencia absolutoria inicial-, Urkullu aseguró que «la estrategia del lehendakari se ha visto reforzada» y confió en que el fallo del Supremo, cuando se produzca, ponga «fin» al proceso.
No obstante, en Ibarretxe se adivinaron bastantes menos ganas de dar por zanjado el asunto. Mostró satisfacción, sí, pero también «preocupación». No sólo admitió su preferencia porque la Sala entrase «al fondo de la cuestión» -el Gobierno vasco había exigido que no se cerrara «en falso»- sino que cargó contra el presidente del Tribunal Superior vasco, Fernando Ruiz-Piñeiro, e incluso dejó en el aire la sospecha de que el archivo del caso sea sólo un «paréntesis» y que «se obligue a repetir» el juicio cuando «políticamente interese más». «No quiero ni pensarlo; esperemos que se haya acabado para siempre», enfatizó.
El lehendakari vivió una mañana particularmente intensa. Tras escuchar el resultado de las deliberaciones del tribunal, se refugió en Sabin Etxea, donde le esperaban unos 350 cargos públicos y afiliados peneuvistas que habían acudido a arroparle para no dejarle «solo» ni en la sala ni en los aledaños del Palacio de Justicia en ninguna de las sesiones del juicio, tal como prometió el PNV. Según confirmaron fuentes del partido, Ibarretxe se animó a colocarse frente al micrófono en el salón de actos de la sede, codo con codo con Urkullu, para agradecerles su apoyo.
El candidato jeltzale echó mano de los símiles ciclistas y mostró su alivio por haber dejado atrás ya «la etapa pirenaica, la más dura». El breve acto improvisado se cerró con abrazos y varios minutos de aplausos. «Se le veía sinceramente contento, pero también hay que entender que ha vivido esto como una afrenta personal», apuntan en el PNV.
El final del «sinsentido»
Y quedó claro unas horas más tarde. El momento de los agravios llegó ya en Vitoria, donde Ibarretxe convocó de urgencia a sus consejeros en una sesión extraordinaria para alumbrar una declaración institucional que leyó cerca de las dos de la tarde, sin posibilidad de preguntas. Arropado por su esposa y por todos los miembros de su Ejecutivo, el lehendakari se felicitó por el final de «un sinsentido político y jurídico que estaba persiguiendo el diálogo y la búsqueda de soluciones para este país», e incluso consideró que el archivo confirma sus tesis sobre el «impulso político» que animó la causa desde un principio.
Pero también dejó constancia de su crítica «profunda» a la instrucción -por habérsele negado el sobreseimiento acordado ayer- y, particularmente, al presidente del TSJPV, Fernando Ruiz-Piñeiro, apartado del caso tras ser recusado por la defensa del lehendakari. El reproche no se lo hizo «como juez» -según dijo- sino como máximo representante del Poder Judicial en Euskadi. Por ello, le exigió «responsabilidades» por la «crisis» en la que en su opinión ha sumido a la Justicia, «crisis que sigue abierta y pendiente».
De hecho, insistió en la posibilidad de que el Supremo obligue a retomar el juicio y consideró difícil de entender que ayer no se quisiera continuar con él. «Eso sí, tras tener la foto, tan querida para algunos, del lehendakari en el banquillo».
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