La decisión del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco de archivar la causa abierta contra Juan José Ibarretxe, Patxi López y Arnaldo Otegi fue acogida con indisimulada satisfacción en las filas del PSE-EE. No sólo por el hecho de que tanto su secretario general como el portavoz de su ejecutiva, Rodolfo Ares, han quedado libres de culpa, sino porque los socialistas están convencidos de que esta resolución «desactiva» la estrategia «victimista» que, en su opinión, quería desarrollar el lehendakari en los prolegómenos de las elecciones.
La formación liderada por López, posiblemente, ha sido la gran beneficiada por el fallo leído ayer por Manuel Díaz de Rábago. A menos de dos meses para los comicios, considera que «se derrumba el altavoz mediático» que, a su juicio, tenía preparado Ibarretxe para fortalecer su campaña. El hecho de que la defensa del lehendakari pidiese el jueves la continuación del proceso -en contra del principio que había defendido en un primer momento- y el tribunal haya optado por archivar la causa es, según el PSE, un «varapalo» para el candidato peneuvista «por mucho que intente convencernos de que ha salido victorioso». «Lo que estaba en juego no era su inocencia, porque era evidente que nadie había cometido delito, sino si iba a poder ganar votos desde el banquillo. Y esa estrategia se le ha venido abajo», sostiene un dirigente socialista.
Casi tres años después de sentarse con Otegi, Rufi Etxeberria y Olatz Dañobeitia en el hotel Amara de San Sebastián -el 6 de julio de 2006-, la dirección del PSE ve como termina, a falta de lo que dictamine el Tribunal Supremo, un proceso laberíntico que había situado a dos de sus principales dirigentes en una posición incómoda. Nadie en el partido auguraba una condena, pero la cúpula de los socialistas vascos se había visto obligada a modular al máximo su mensaje.
Por un lado, criticando que las denuncias presentadas por el PP o asociaciones como Dignidad y Justicia y el Foro Ermua hubiesen terminado con López y Ares en el banquillo. Pero, al mismo tiempo, intentando evitar una desautorización explícita del Poder Judicial y un «choque de trenes» entre el principal partido de la oposición en Euskadi y los magistrados.
Distorsión
La estrategia del PSE era clara: marcar distancias con Ibarretxe. Mientras el jefe del Ejecutivo autónomo y su partido buscaron la movilización de sus militantes, los socialistas optaron por lo contrario con el objetivo de trasladar la imagen de un lehendakari que buscaba la confrontación y un Partido Socialista que apostaba por la serenidad. La dilación del proceso -más de dos años- acabó por enmarañar todavía más la situación al situarse el comienzo del juicio a escasos meses de las elecciones.
Cómo iba a afectar la vista oral en los comicios era la gran incógnita. En un principio, desde el PSE se temió que la fotografía de un lehendakari sentado en el banquillo beneficiase al candidato del PNV. Pero el miedo se fue diluyendo al considerar que este efecto quedaba minimizado al estar Patxi López sentado a su lado. Según la tesis defendida por los socialistas, el presidente del Gobierno vasco no podía argumentar con éxito que el juicio era «un ataque al autogobierno y a los vascos cuando también estaba procesado su principal rival, militante del partido de Zapatero».
Aun así, el anuncio realizado el pasado jueves por los letrados de Ibarretxe de pedir la continuación de la vista oral confirmó a los socialistas la intención del lehendakari de aprovechar al máximo la repercusión mediática de la vista. Concluida ésta, el PSE sostiene que el discurso «victimista» del jefe del Ejecutivo queda «desactivado». «Espero que pase página», afirmó ayer en su página de Internet el propio López, quien reconoció tener una mezcla de «alivio y frustración».
Lo primero, porque «voy a poder dedicarme en cuerpo y alma a seguir trabajando por un futuro mejor para Euskadi». O lo que es lo mismo, que se podrá centrar en la campaña electoral. Porque lo que sí había logrado el juicio es distorsionar los planes del PSE y del PNV, obligados a dedicar tiempo y esfuerzo a preparar las defensas. Ahora, sin distracciones, podrán concentrarse en la organización de mítines y cierre de programas.
La «frustración» se la causaba una pregunta de complicada repuesta: «¿para qué ha servido todo esto?».