Vestido con vaqueros y en discretos tonos azules parece más joven que con esos gruesos plumíferos con los que le vemos en la tele. Es amable y gesticulante, pero contenido en el trato. Joaquín Caparrós (Utrera, 1955) dejó en su día un cómodo puesto de funcionario para ir de banquillo en banquillo.
-No le asusta quedarse a la intemperie.
-Nada. Si a los 18 años me tuve que casar...
-¿...?
-De penalti, por supuesto, ja, ja.
-¿Le siguen llamando Jokin en Bilbao?
-Claro, mucha gente.
-Pero le llamarán cosas menos agradables...
-Ah, por supuesto, sobre todo en el campo del Betis.
-¿Tiene siempre lista la maleta?
-Los entrenadores, desde que hacemos los cursos, somos conscientes de que eso es así.
-¿Lleva mucho equipaje?
-No, ni amueblo mucho las casas, para que la mudanza sea más fácil.
-¿Le tira la Premier inglesa, ahora que ha empezado a fijarse en entrenadores españoles?
-Me apasiona el fútbol inglés y eso me gusta del Athletic, que es un club muy identificado con el estilo inglés.
-¿Qué le animó a aceptar la oferta de Ibaigane?
-Pues eso, y el poder trabajar con la cantera, el tener un modelo único, una afición especial... pero sobre todo su modelo.
-¿No le retrajo el pensar que podía tocarle ser protagonista de un desastre histórico?
-No, si te haces cargo de un equipo no puedes ponerte en lo peor, porque entonces eres débil.
-Le acusan de decir siempre lo que la gente quiere oír.
-¿Y eso es defecto o virtud?
-Alguna bronca tendrá.
-Si, claro. Mi padre me decía que me tenía que enfadar y me enfado, pero donde debo.
-¿Con los jugadores?
-A los jugadores hay que hablarles claro; ser duro cuando hay que ser duro y darles confianza cuando necesitan confianza.
-Trata de usted a sus futbolistas. ¿Por qué?
-Pasé de ser jugador a entrenador de un día para otro y tuve que señalar a mis compañeros que la situación había cambiado. Ahora ya es un hábito.
-¿Es mucho pedir sensatez a unos millonarios de veintipocos años?
-Pues sí, es complicado. No es fácil ser maduro a esa edad y con todo lo que rodea al fútbol.
-¿El alto nivel de vida actual merma las canteras?
-Claro, antes todos los chavales jugábamos al fútbol; era muy raro ver a uno con una raqueta o con un palo de golf, o con esquíes. Hay menos cantidad y, por tanto, es más difícil que salga calidad.
-¿El futuro está en la inmigración?
-Eso ya pasa en el Athletic, por ejemplo. Esos hijos de extranjeros de nuestras categorías inferiores son ya cien por cien de aquí.
-¿Sabe que en Bilbao gusta mucho la Copa?
-Sí, eso lo percibo. A mí también me gusta.
-¿Y cuál bebe?
-Yo, cerveza. Una buena Cruzcampo fría, aunque estemos bajo cero.
-Para manzanilla, ¿la infusión o la de Sanlúcar?
-Soy más de la de Sanlúcar. Como infusión... prefiero el café.
-¿Ha probado el txakoli?
-Y lo he llevado a mi casa y estas Navidades hemos disfrutado de él.
-A los jugadores les tiene prohibida la coca-cola.
-Yo no, eso es cosa de los médicos, que son los que saben.
-¿Cómo vive un andaluz en el País Vasco?
-De lujo. Vascos y andaluces tenemos cosas en común, somos pasionales, defendemos lo nuestro...
-El año pasado leyó el pregón de la Semana Santa bilbaína. ¿Lo suyo es fe o costumbre?
-Las dos cosas. Yo en Sevilla lo he mamado desde niño. Y soy hermano cofrade de la Macarena.
-¿Es igual de sevillano para la juerga?
-Si, sí. Si tocas palmas, aquí mismo me pongo a bailar flamenco. ¿Sabes cuál ha sido el regalo de mis hijos? Una guitarra. Mi frustración es no ser un buen cantaor.
-Le ha salido un hijo pintor. ¿Hubiera preferido un futbolista?
-Hmmm... no. Ha salido más a su madre y yo encantado. Tengo otro que es 'greenkeeper' de golf.
-¿Y usted no muestra cierta vena teatral cuando gesticula tanto en los partidos.
-Yo soy así en todas partes. Soy culillo de mal asiento.