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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

Juicio por las conversaciones con Batasuna

El intenso frío protagonizó la llegada de los procesados, a la que asistió un escaso público

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En una fría mañana de enero, los ánimos en las inmediaciones del Palacio de Justicia de Bilbao estaban helados. Incluso gélidos. Periodistas ateridos, ertzainas que no paraban de moverse para evitar el entumecimiento y un reducido grupo de madrugadores militantes del PNV dispuestos a respaldar a Juan José Ibarretxe en la calle dedicada al jurista Pedro Ibarretxe. No hay constancia de lazos sanguíneos.
Nada que ver con lo sucedido hace casi dos años. Y es que la lentitud con la que se ha desarrollado este proceso ha terminado por helar el enfado de los más irascibles. El 26 de marzo de 2007, el lehendakari acudía al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco para declarar ante el juez instructor. Se dio un baño de masas. Todos los consejeros del Gobierno vasco se situaron en fila para estrecharle la mano. Junto a ellos, la plana mayor del PNV, EA y EB. Justo enfrente, en los cercanos Jardines de Albia, varios cientos de simpatizantes jeltzales jaleándole.
La comparecencia reunió todos los requisitos que debe cumplir un buen espectáculo mediático. Al terminar su declaración, el jefe del Ejecutivo autónomo agradeció micrófono en mano desde la escalinata principal el apoyo recibido ante el entusiasmo de sus bases. Antes de la sesión, el miembro del Foro Ermua Antonio Aguirre recibió una patada en los testículos del simpatizante peneuvista Alejandro Aramburu, condenado el pasado 30 de diciembre a pagar 900 euros por esta acción. La Ertzaintza se tuvo que esforzar para evitar que los incidentes fuesen todavía más graves. Un circo muy similar al que se había registrado apenas dos meses antes, durante la primera declaración de Ibarretxe ante el TSJPV. Los mismos gritos, insultos e intentos de agresión. A la escenografía se sumó Daniel Portero, miembro de Dignidad y Justicia que respondió a los abucheos de las bases del PNV colocándose con los brazos abiertos frente a la puerta principal del tribunal con una camiseta con una visible franja roja y amarilla.
Eso fue hace dos años, cuando la consulta de Ibarretxe estaba en el centro del debate político. Pero toda llama se apaga y cualquier entusiasmo acaba por decrecer. La expectación de entonces bajó ayer varios grados. Paradójicamente, cuando el lehendakari fue llamado a declarar durante la fase de instrucción el ambiente estaba mucho más caldeado que cuando ha arrancado el proceso.
A las ocho de la mañana, noventa minutos antes de la hora prevista para el inicio de las sesiones, las inmediaciones del Palacio de Justicia eran un páramo. Apenas unos ertzainas en el control de seguridad establecido en la entrada principal y las primeras cámaras de televisión buscando el mejor sitio. Al lado de Sabin Etxea, situada en la acera de enfrente del tribunal, empezaban a congregarse los cargos del PNV. Aproximadamente a esa hora, el lehendakari llegaba a la sede central de su partido.
A diferencia de hace dos años, la formación liderada por Iñigo Urkullu había evitado movilizar a sus bases. Y éstas apenas lo hicieron por su cuenta. A las 8.50 horas Ibarretxe entraba en el Palacio de Justicia. Lo hacía acompañado de José Antonio Ardanza, Juan Mari Atutxa, José Luis Bilbao, Joseba Azkarraga, Javier Balza y Xabier Agirre. Una decena de simpatizantes jeltzales le recibió al grito de «¡Aupa lehendakari!». Una mujer ondeaba la única ikurriña presente. El centenar de cargos públicos e internos del PNV aplaudía.
Veteranos militantes
Alrededor de las 9.10 horas llegaban por separado Daniel Portero y varios miembros del Foro Ermua, entre ellos, su vicepresidente, Ricardo Benedí. El recibimiento que tuvieron fue opuesto. A diferencia de lo sucedido en 2007, el representante de Dignidad y Justicia pasó desapercibido. No hubo improperios. Tensión nula. El escenario cambió con Benedí, quien fue recibido con todo tipo de insultos. Y quienes los proferían no eran los militantes del PNV, sino los trabajadores de Elecqui, empresa de la que es propietario y que se encuentra en proceso de liquidación.
Apenas unos minutos después aparecía la delegación socialista. Patxi López y su mujer, Begoña Gil, agarrados de la mano. A su derecha, Rodolfo Ares también caminaba abrazado a su mujer. Unos pasos por detrás, sus dos hijos y una decena de miembros del PSE. Las bases socialistas no acudieron. Para entonces, el número de afiliados peneuvistas había aumentado. Algunos veteranos militantes jeltzales esperaban con expectación la llegada del lehendakari sin saber que llevaba dentro del palacio cerca de media hora.
Sólo faltaba por arribar Arnaldo Otegi. Varias decenas de simpatizantes de la izquierda abertzale se habían concentrado en la parte trasera de la sede judicial, por donde entran los ciudadanos de a pie. Allí vitorearon la llegada de los coches policiales con los procesados que están en prisión: Pernando Barrena, Rufi Etxeberria, Olatz Dañobeitia y Juan Joxe Petrikorena. Mientras tanto, el que fuera portavoz de Batasuna permanecía en el cercano hotel Abando.
Pasadas las 9.20, la comitiva subió por la calle Colón de Larreategi hasta la puerta principal. Con gritos a favor de Batasuna, se pusieron frente al control establecido por los ertzainas. Pasaron, entre otros, Otegi; su abogada, Jone Goirizelaia; y el ex dirigente de ETA, Eugenio Etxebeste, 'Antxon'. Con todos dentro, la expectación fue amainando y sólo se recuperó cuando a media mañana se produjo un receso y varios de los protagonistas salieron hasta el cercano café Iruña. Un escenario de diseño para encuentros surrealistas, como el de Patxi López con 'Antxon'.
Con unas temperaturas que apenas superaban los tres grados, la mayoría de los presentes optó por buscar un lugar caliente. Los Jardines de Albia empezaron a poblarse de nuevo alrededor de las 13.30 horas. El número de militantes del PNV era ostensiblemente mayor que el de la mañana, pero la salida de los juzgados se acogió con la misma escasa visceralidad que su entrada.
Los primeros en bajar la escalinata fueron los miembros del PSE, un minuto antes de las dos de la tarde. Casi al mismo tiempo, el ex lehendakari Ardanza, que desconcertó a buena parte de los simpatizantes jeltzales. Al abandonar el Palacio de Justicia miró a los concentrados. A su derecha, las bases y cargos del PNV; enfrente, los periodistas; a la izquierda, nadie. Y por este lado se fue. «Creo que se ha despistado», razonaba una veterana afiliada jeltzale.
Cinco minutos después aparecía Otegi. La misma indiferencia general. El ex portavoz de Batasuna atendía a los medios de comunicación. Mientras valoraba la vista hacía acto de presencia Ibarretxe. Los militantes peneuvistas rompieron en aplausos y gritos de apoyo. El jefe del Ejecutivo saludó tímidamente. Le esperaba la plana mayor del PNV, a los que estrechó la mano. Alrededor de las 14.15 de la tarde, Ibarretxe regresaba a Sabin Etxea, el público se dispersaba y la zona recuperaba una cierta normalidad. Terminaba el primer acto de un juicio mediático. El lunes, el segundo.
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