Comienza otro año y con él una nueva temporada expositiva en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria. Como siempre, habrá un artista invitado (el fotógrafo madrileño Javier Berasaluce, afincado en Vitoria hace años) y un alumno de la escuela (Blanca Fraile, en su cuarto año de pintura). La primera muestra de 2009, que colgará de las paredes de la Escuela hasta el próximo 30 de enero, tiene como protagonistas las inquietantes fotografías de Berasaluce y una colección de sugerentes retratos a cargo de Fraile. Ambas tienen un elemento en común: retratan aspectos poco evidentes, ocultos a primera vista, de los espacios y las personas.
'Dudosas geografías' es el título de la exposición fotográfica de Javier Berasaluce. Imágenes tomadas en Vitoria, Aranzazu o Bretaña, y que muestran escenarios descarnados, inquietantemente vacíos, lugares en los que parece que está a punto de pasar algo. Berasaluce admite que pretende crear «cierta confusión» en el espectador. En sus instantáneas juega con la perspectiva y la superposición de planos para conseguir que la respuesta del público sea ambigua: «Mis fotografías se prestan a muchas interpretaciones. Cada mirada es única, por eso cada persona puede ver en ellas cosas distintas». Las diez imágenes que se exponen son parte de una colección mucho más amplia. El fotógrafo ha publicado recientemente una colección bajo ese mismo título, aunque asegura que la serie «continúa ampliándose con el tiempo».
Después de cuarenta años de carrera, Berasaluce -ganador de premios como el Certamen de Arte Alavés, Fotoarte o San Prudencio-, sigue empleando la técnica de la película analógica en blanco y negro, que, según él, «mantiene un vínculo absoluto con el referente: la luz crea sobre la película un pequeño objeto, una transparencia que luego transformas en positivo». Además, «esta película presenta una superficie especial, con una profundidad de sombras que no permite la tecnología digital». Esta es la segunda vez que expone en la Escuela, después de una muestra de 2007.
Técnica complicada
Por su parte, Blanca Fraile es primeriza en esto de las exposiciones, aunque lleva cuatro años como alumna de pintura. Animada por su profesora Mila Bretón ha decidido dar el salto y mostrar una docena de retratos realizados con una técnica muy especial. Fraile no pinta, decolora. Impregna todo el papel con tinta negra para posteriormente decolorarla con agua y lejía. Así, del fondo oscuro van surgiendo las formas, a medida que la superficie se quema, ofreciendo un riquísimo efecto de contraluces ocres y amarillos. «Es una técnica complicada, porque no hay posibilidad de corrección», dice. Como modelos ha empleado a sus familiares, y hay también algún autorretrato. «Tal vez se deba a la técnica empleada, pero lo cierto es que pintar estos retratos me ha servido para descubrir el lado oculto de los retratados, sus facciones menos evidentes».