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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

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L a de hoy es una de esas noticias que le dejan a uno sin saber cómo opinar. Por un lado, supone una magnífica novedad que nos viene muy bien para mejorar nuestra, habitualmente débil, competitividad. Por otro, muestra a las claras la mayor gravedad comparativa de nuestra crisis actual. Tradicionalmente hemos mantenido con Europa un diferencial de inflación que ha erosionado nuestra posición competitiva de manera silente pero constante y dificultado la labor de nuestros exportadores. Ahora, la tendencia se invierte y nuestros precios crecen menos frente a los países con los que debemos competir. Sin duda alguna todavía nos referimos a un periodo de tiempo demasiado corto como para provocar efectos tangibles, pero siempre será bueno y algo ayudará a recuperar con demanda exterior una parte de la que tanto nos falta en el interior. Visto así, excelente.
Pero si nos fijamos un poco más, las cosas cambian de signo. Ayer mismo comentaba que el brusco descenso de la inflación se debía a la bajada de los precios de las materias primas minerales y energéticas y a la vertiginosa caída de la demanda. Como en lo primero hablamos de valores internacionales que son, prácticamente, iguales para todos, las causas que originan la noticia de hoy deben de venir por el otro lado, por las diferencias relativas en el grado de atonía de la actividad productiva. Algo de eso podíamos haber sospechado al observar, por ejemplo, el muy diferente comportamiento del mercado laboral en Alemania, con el empleo en volúmenes récords y en España, con reducción abultada de cotizantes a la Seguridad Social.
Terminaba ayer rogándole a Baltasar que no permitiera que el descenso de la inflación prosiga su alocada carrera hasta tirarnos al pozo de la deflación. Pues, aprovecho el ruego y lo mantengo hoy. Y, si pueden, que Melchor y Gaspar ayuden un poco también antes de volverse a Oriente.
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