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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

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EL DESÁNIMO CUNDE EN LA COSTA

Arrantzales reclaman un plan de choque para el sectortras la pérdida del 60% de las flotas de bajura y altura

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Los muelles de Bermeo, Mundaka, Elantxobe, Lekeitio, Ondarroa y Santurtzi viven una dramática desaparición de su flota. Durante la última década, la crítica situación se ha agudizado tanto que el sector ha perdido más de la mitad de sus unidades. En concreto, las embarcaciones de bajura han sufrido un descenso del 66,9%, mientras que la altura al fresco ha bajado cerca del 57%. Los agentes implicados, entre los que figuran arrantzales, armadores, patrones, sindicatos y comercializadores, denuncian el abandono que sufren y reclaman con insistencia la necesidad de actuar. Solicitan la puesta en marcha de un plan de choque que evite a corto plazo la desaparición del principal caudal económico y cultural de buena parte del litoral vizcaíno.
Desde su fundación, municipios como Bermeo, Ondarroa y Lekeitio han vivido de y para la mar. Las historias sobre capturas de ballenas, bacalaos, besugos, merluzas o túnidos han inundado los recuerdos y vivencias de sus mayores. Hoy en día, en cambio, los pueblos pesqueros tienen cada vez menos arrantzales. Antes del estallido de la Guerra Civil, Vizcaya contaba con 4.100 pescadores enrolados en 186 vapores, 244 motores y 225 botes.
Durante la segunda mitad del siglo XX se produjo un espectacular auge en la industria pesquera, con especial incidencia en la década de los sesenta. En 1969, la flota de bajura del puerto de Bermeo estaba compuesta por 247 embarcaciones y un total de 2.335 pescadores. Por otro lado, la altura al fresco superaba el centenar de unidades hasta situar al muelle de Ondarroa a la cabeza del Cantábrico en la manipulación de pescado fresco de arrastre.
A finales de la década de los setenta, la situación comenzó a complicarse. El establecimiento de las 200 millas de zona económica exclusiva y la posterior entrada en la Unión Europea cambiaron el panorama. Según el Departamento de Agricultura y Pesca del Gobierno vasco, una de las principales razones de la reducción del número de embarcaciones en la última década ha sido la necesidad de ajustar la capacidad pesquera a los recursos.
De esta manera, se ha logrado además, según el Ejecutivo autonómico, reducir la edad de la flota desde los 20 años de media que tenía en 1999 a los 13,3 años de la actualidad. Según datos de 1997, la flota de bajura suma cerca de 125 unidades y 40 la de altura. En tierra, el desánimo inunda la moral de los pescadores. «El hundimiento que está sufriendo el sector en las dos últimas décadas es realmente dramático. Nadie nos hace caso. Estamos abandonados», denuncian arrantzales lekeitiarras, una dársena en la que apenas quedan dos pesqueros de bajura y siete merluceras de la treintena de naves que hace tan sólo unos años fondeaban en su puerto.
Esplendor y decadencia
«¡Cómo va a querer alguien venir a la mar tal y como está la situación! Es cierto que las condiciones laborales han mejorado, pero es un sector con infinidad de problemas para salir adelante», resume Pedro Ibazeta, un ondarrés que a lo largo de su trayectoria profesional ha conocido el esplendor y la decadencia de ese puerto.
Tras abandonar el sector de altura, Ibazeta confía en cumplir en bajura los pocos años que le quedan para su jubilación. «En épocas como la Navidad, era impresionante ver el puerto de Ondarroa repleto de barcos, tanto de altura como de bajura. El ajetreo que inundaba la dársena y la alegría que salpicaba al resto del municipio eran dignos de vivir. Hoy en día, han pasado a la historia», sostiene el último miembro de una saga dedicada a la pesca. Sus hijos han optado por quedarse en tierra. «En igualdad de condiciones, mejor buscan otro tipo de trabajo. La mar es muy dura y sacrificada», reconoce Ibazeta.
En ese mismo muelle, mientras tanto, dos barcos de altura, el 'Intxorta Mendi' y 'Kalamendi' retratan el declive del sector. Permanecen amarrados desde hace más de medio año por problemas entre el accionariado de la empresa y ante las pocas perspectivas de pesca. «A pesar de tratarse de pesqueros nuevos que han recibido ayudas oficiales, los quieren vender, y con ello, sin duda, derechos, licencias de pesca y parte del tejido económico de este pueblo», denuncian fuentes sindicales.
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