Qué carita se les quedó a los jugadores 'culés' durante su marcha al túnel de vestuarios. Habían pasado por todos los estados anímicos habidos y por haber durante las casi dos horas de espectáculo. Se las prometieron muy felices, se infectaron de una depresión descomunal, su autoestima cayó tanto como la bolsa en 2008 y, como colofón a la frenética montaña rusa expuesta sobre el parqué del Palau Blaugrana, revivieron para acabar otra vez hechos polvo. El culpable de tanto vaivén fue el Baskonia, quien otra vez salió a hombros del vetusto coliseo barcelonés.
No sólo lo abandonó por la puerta grande, sino que reforzó su liderato en la ACB. Saca ya tres victorias a su más inmediato perseguidor, precisamente el Barça. Remachó, además, que en cuestión de carácter, raza, personalidad, voluntad, temperamento o como usted quiera definirlo pocos hay a su altura. Cuando toca faena en plazas de pimera o ante astados de máximo pesaje, el TAU Cerámica se pone su mejor traje de luces, lanza capotazos a diestro y siniestro y exhibe un temple de acero reforzado cuando entra a matar. La carita que dejó a su adversario lo decía todo.
La cara 'b'
El fabuloso 70-74, tercer triunfo consecutivo de los vitorianos en el foro 'culé' y décimo seguido en esta fase regular doméstica, estuvo adobado con varios ingredientes de lo más suculentos. La defensa durante casi tres cuartas partes de la cita mereció una matrícula de honor. Como mínimo. El quinteto visitante, recio, disciplinado y meticuloso, dejó hacer al renqueante Navarro a cambio de sellar el paso a Andersen, posiblemente el mejor interior de Europa, con cuantos efectivos hiciera falta. El australiano, la perfección andante, acabó con la moral por el sótano.
Encima, y he aquí un dato tremendo, ante la afonía de algunos de sus tenores, esta vez sí hubo réplica del banquillo, la cara 'b' azulgrana. Y por duplicado. Para alguien con una hoja de ruta tan dilatada y con tantas cadenas montañosas antes de tocar la meta, manejar aguadores suficientes representa un axioma básico. Mejor dicho, imprescindible. Por ejemplo, ahora sí cuenta con un segundo base. Porque el correcto Ilievski no sufre del mal de altura de Shakur. Al menos, eso evidenció en su debut como azulgrana. Lo agradeció Prigioni, su técnico, el club y el entorno, desesperado con el estadounidense de mirada triste. ¿Y qué decir de Vidal y San Emeterio, quienes consiguieron el imposible de desbancar por un día a Mickeal y Rakocevic?
Obra mayor
Lanzado por esa fe inquebrantable, su segunda línea y el instinto del cazador completó el TAU una obra mayor. El laboratorio de ideas funcionó a pleno rendimiento. Su momento de máximo apogeo dató del minuto 24 (36-52). Pero antes hubo un parcial de 5-20 que trituró la mentalidad local, una defensa de hierro y una capacidad para armar el contraataque a ritmo supersónico.
Sin embargo, los partidos en el Palau se hacen interminables, y ello provoca situaciones delirantes. De la sinfonía se pasó al chirrido. Y es que este Barcelona, que ayer guardó en la recámara al enfermo Lakovic, resucitó de la mano bendecida de Basile. El socavón pasó a arruguita. Los dieciséis puntos a dos. Y el Palau, que apenas se desmelena, bramó como pocas veces se ha visto.
El torbellino final resultó una delicia. O un riesgo claro para corazones débiles. Los dos equipos se enredaron en una espiral de sobresaltos. Hubo nervios. Malas selecciones de tiro. Aciertos reveladores y una antideportiva de Sada que decantó el color de la chapa ganadora. El mayor autocontrol vitoriano, el 'bonus' de faltas personales -sí en el bando local, no por el visitante- terminaron de cuadrar la situación. Ésa que marca que, cercano ya el ecuador de curso, la maquinaria más engrasada se localiza en la capital de Euskadi.