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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Álava

MIGUEL GUTIÉRREZ RESPONSABLE DEL SERVICIO DE PSIQUIATRÍA DEL HOSPITAL SANTIAGO DE VITORIA

Aprecia «adocenamiento, falta de compromiso y frialdad», que atribuye a la alta calidad de vida en la ciudad y al «cansancio» de la gente hacia la política
04.01.09 -

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De vuelta al frente del servicio de Salud Mental de Santiago tras liderar durante nueve años la misma unidad en Cruces, el doctor en Medicina y catedrático en Psiquiatría Miguel Gutiérrez (Vitoria, 1948) abre 2009 con un crudo psicoanálisis de la sociedad vitoriana. Su preescripción es «ilusión y ambición» varias veces al día.
-Termina un año, empieza otro y se nos ha ocurrido llamar a un psiquiatra. ¿Tiene sentido?
-Ja, ja. Yo, que soy una persona optimista, no habría llamado a un psiquiatra, ja, ja. Es cierto que están pasando cosa importantes, pero hay que ser positivo, porque las crisis también pasan.
-Nos dicen que con 2009 viene el coco. El tranvía, recién estrenado, ¿servirá como una especie de prozac para levantar la moral?
-Ha sido un proyecto polémico, que ha tenido una buena acogida, pese a un trazado que suscita desacuerdo. Muchos, como yo, piensan que debería haberse detenido en Lovaina, a la espera de que se hiciera el soterramiento del tren y se urbanizara el corredor en superficie. Fíjese qué vía tan espléndida para meter uno, dos o cuatro tranvías, que te dejarían en Dato. En el centro queda asfixiado.
-¿Y el Palacio de Congresos y Exposiciones y de las Artes Escénicas, ya encarrilado?
-Hace dieciocho años que organizo un congreso nacional en Vitoria. Imagínese si deseamos tener un espacio en condiciones, pero se está retrasando tanto... Ahora mismo ni siquiera está garantizado que esté listo para 2012. Tanto es así que ya he reservado el Euskalduna.
-Se olvida del auditorio.
-Yo habría aprovechado para eso la parcela de La Senda. No veo por qué tienen que ir juntos la música y los congresos. Los públicos son distintos. Aun así, la localización de Lakua para los congresos... En todas las ciudades están, o en el centro, o fuera de él, y éstos no gustan. Los que vamos a esas jornadas somos gente de fuera y lo que queremos es tener la posibilidad de vivir la ciudad.
-Hace un par de años veía Vitoria «desmotivada, desorientada y expectante». ¿El paciente muestra indicios de mejora?
-No. En Vitoria hay una desmotivación importante hacia casi todo. Es como si hubiera perdido la ilusión. La gente no se enoja, no se presta, no se compromete con los proyectos, tampoco acude demasiado a los actos culturales... Hay una cierta frialdad hacia cualquier tipo de iniciativa. No sé, me da la impresión de que es una sociedad en general un poco simplona.
-¿A qué lo atribuye?
-Quizá el bienestar social tiene esa contrapartida. Se materializan las aspiraciones. Piso, coche, veraneo y, en invierno, a esquiar. Y eso satisface. Lo demás da igual.
-¿Vitoria continúa entonces en esa «siesta burguesa» a la que, según usted, estaba entregada?
-Seguramente. Yo no veo una generación de treintañeros con fuerza e iniciativa. Hay una actitud de dependencia institucional. Y la mayoría se han ido fuera. Viven peor, en otras condiciones, pero con más alegría, con más proyectos en la cabeza, con más ilusiones. Aquí lo que hay es adocenamiento.
«Señores» de 35, en casa
-¿El relevo político en el Ayuntamiento no ha logrado insuflar expectativas?
-No creo que haya pasado suficiente tiempo para ser evaluado. Sin embargo, la ciudad sigue anodina, dormida, sesteando, con una cierta apatía... Tal vez sea una sociedad cansada de la política. Y es que siempre estamos hablando de lo mismo. Yo no me excluyo, ¿eh? Hay un vivir aquí y ahora. No hay una actitud proyectiva, de futuro. No se plantean objetivos a diez años. La gente lee poquísimo, es más hedonista, espera más tiempo para casarse y tener hijos... Eso condiciona la vida netamente porque conlleva un retraso de la maduración. Yo tengo anécdotas trágicas.
-Adelante.
-En el año setentaitantos, en Estado Unidos, me llamó la atención la autonomía que tenían los estudiantes. Trabajaban todos, para demostrar que eran capaces de resolverse la vida. De modo que, cuando un chico de 23 años seguía en casa de sus padres, la familia iba a una terapia porque entendía que el chaval no tenía recursos para volar. Aquí, un señor de 35 años decía que quería irse a un apartamento, y los padres, acojonados, lo traían a la consulta para que 'lo mirara' porque no faltándole nada ¡se quería ir! Y eso lo seguimos viviendo. Hay un problema gravísimo de roles, que está relacionado con todo lo que pasa, la inmadurez, el vandaleo, el adocenamiento político... Vamos de cráneo con gente que no es capaz de generar un criterio propio hasta los 35. Pero, como se lo resolvemos todo...
-¿La crisis es también educativa?
-Hay un fracaso absoluto del modelo educativo. Es preciso rearmarlo. ¿Cómo? Primero, no excluyendo del sistema al educador. Ahora tienen un papelón horrible. Son los 'pelaos' de la película. Hay que reforzar su autoridad. Y así, todo en cadena. Una sociedad libre, progresista y moderna no tiene que prescindir de referencias y valores. Todo lo contrario. El otro día me quedé estupefacto al leer que el Ayuntamiento ha presupuestado una partida para arreglar las escaleras mecánicas cuando las rompan. ¿Lo leí bien?
-Sí.
-Es lamentable. ¿No habría que destinarla a guardias municipales, para que los detengan? Es el mundo al revés. Otro caso, el del conflicto entre hosteleros y vecinos del casco viejo.
-Se refiere a los ruidos y a la normativa del horario de cierre.
-Sí. Ahí no hay caso ninguno. Los derechos de los vecinos están muy por encima de los de todo cristo.
Mayores «mal atendidos»
-Bajemos al Ensanche. ¿Se imagina tomando café en un plaza de España con capota o paseando por una calle Dato cubierta?
-No. La plaza de España ya tiene sus porches. Tampoco tiene sentido tapar calles. Además, hay cosas más importantes que hacer.
-¿Por ejemplo?
-Todo lo que tiene que ver con la sanidad, que después de veinticinco años requiere ya una reestructuración. La salud mental necesita equipos más potentes. Pero no sólo ésa. ¿Alguien puede decir que la gente mayor está bien atendida? Está mal atendida en todo el mundo, pero aquí también. Sus necesidades son importantísimas y precisan una atención especializada. Más cosas. Txagorritxu está sin camas cada dos por tres, desviando continuamente ingresos a Santiago. Le hablo de cientos.
-Para terminar, déjeme que rebobine. ¿Cómo se sale de la siesta y el adocenamiento, doctor?
-En el tren de alta velocidad, pero algunos tampoco quieren construirlo. Resulta que mejorar las vías de comunicación es amenazante para un país. Miren, señores, lo verdaderamente amenazante para un país es la incomunicación, el aldeanismo y la no penetración de las fuerzas del conocimiento y del saber. En definitiva, las barreras.
-Como ciudadano, ¿qué demanda para la Vitoria de 2009?
-Ilusión y ambición.
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