Hace veinte años comenzó la partida. La novelista estadounidense Katherine Neville (San Luis, 1945) escribió entonces 'El ocho', una historia de intriga y esoterismo centrada en un ajedrez que perteneció a Carlomagno y, que según la leyenda, encerraba las claves para dominar el mundo.
A partir de esta quimera, Neville tejió una trama a través de dos siglos y tres continentes que encandiló a millón y medio de lectores. La novela fue traducida a 30 lenguas. Dos décadas después, la novelista estadounidense afronta la segunda parte de esta aventura con 'El fuego' (Plaza y Janés), cuya tirada inicial se ha disparado a los 500.000 ejemplares.
El legendario ajedrez, una vez más, es el gran protagonista. Neville, que se define como «pésima jugadora», aprendió la jugada con la que se inicia la novela -defensa india de la Reina negra- de Susan Polgar, campeona de ajedrez femenino del mundo.
Aunque el juego es en sus libros una invención literaria, Neville matiza que «en la leyenda escrita sobre Carlomagno sí que habla de un ajedrez en el que las piezas iban revestidas de joyas y oro y donde los jugadores tenían a veces comportamientos excéntricos, como tirarse las fichas a la cabeza o terminar una partida antes de que les fueran a ejecutar».
Una ayuda del Tesoro
«Mis historias están muy documentadas; de hecho, lo que más me divierte es el proceso de investigación», explicó la autora. «A partir de ahí imagino, fantaseo, pero creyéndome lo que estoy contando, porque si tú no te crees tu propia historia es imposible hacérsela creer a los demás»
Una de las personas que le ayudaron a elaborar el argumento de 'El fuego' fue un ex jefe del Tesoro de Estados Unidos. «Me escribió unos cuantos correos electrónicos en los que aseguraba que era el jefe del Tesoro, que había leído 'El ocho' y que quería comer conmigo porque sabía algunas cosas que me podían interesar. Naturalmente, no le creí una palabra».
Pasaron los meses y el extraño individuo volvió a la carga. Finalmente se descubrió la verdad: era, efectivamente, el jefe del Tesoro y una de las persona de máxima confianza de Condolezza Rice. «Le enviaron a Bagdad en misión especial y entró con los primeros tanques norteamericanos que ocuparon la ciudad».
Este alto cargo se convirtió, por los designios del destino, en una de las claves de 'El fuego'. «Me aportó datos y me inspiró ideas. Fue quien me dio el empujón definitivo. En años anteriores intenté varias veces escribir la segunda parte de 'El ocho', pero no me salía nada interesante, nada que me convenciera».
Amiga de las tramas complejas -le entusiasman las muñecas rusas-, Neville dejó una puerta abierta en las últimas páginas de 'El ocho', pero esa puerta «no conduce adonde los lectores pensaban que conduciría», precisó. «En 'El ocho' hay que descubrir una fórmula que, teóricamente, ayuda a dominar del mundo; en 'El fuego' el lector llega a la conclusión de que esa fórmula abre otro enigma, y es ese enigma lo que proporciona la llave para construir y destruir civilizaciones».
Neville escribe por las tardes, tres o cuatro horas, y hace desde que era una niña. Aparte de los títulos mencionados es autora de 'Riesgo calculado' y 'El círculo mágico', y no da por cerrada la saga ajedrecística. «Estoy a gusto con los personajes y noto que ellos están a gusto conmigo; a lo mejor nos volvemos a ver en el futuro».