Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

ANÁLISIS

10.11.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
G arantizar la tranquilidad y el bienestar de todos los ciudadanos allá donde se estime necesario ha vuelto a pasar una sangrienta factura a las Fuerzas Armadas. La paz ha exigido el sacrificio extremo de otros dos militares, Juan Andrés Suárez y Rubén Alonso Ríos, ofrecidos ante el altar de las misiones en el exterior. Dos vidas segadas por la guadaña del extremismo y la intolerancia, por la barbarie terrorista, que eleva a mil la trágica marca de soldados internacionales, procedentes de 22 países, que han muerto en Afganistán desde 2001. La ambiciosa misión de ISAF de llevar seguridad, dignidad y esperanza de una vida mejor a los afganos le ha costado a España la vida de 87 militares, situándola como la cuarta nación con más víctimas mortales tras EE UU, Reino Unido y Canadá.
Esfuerzo encomiable, pero no bien comprendido por todos. No siempre es fácil explicar ni entender cómo a miles de kilómetros de nuestro suelo se puede cumplimentar el mandato constitucional reflejado en el artículo octavo de la Carta Magna ni defender militarmente el país. Para las fuerzas desplegadas, bajo la permanente amenaza de las emboscadas, los coches bomba o los atentados suicidas, la labor se hace titánica cuando se proporciona ayuda a quien no siempre la comprende, se ofrecen bienes y servicios que no todos desean o se trasladan educación y valores no aceptados por quienes permanecen anclados en realidades tan distintas; pudiendo resultar desalentador proporcionar seguridad a quienes ven a esas fuerzas como intrusas, como descendientes de los invasores a los que expulsaron en tiempos pretéritos.
Afganistán es fiel reflejo de la extrema dureza de estas misiones, las cuales, paradójicamente, crecen en número y exigencia al mismo ritmo que se reduce el personal en los ejércitos occidentales. Misiones en las que los inmensos esfuerzos en ocasiones no tienen directo reconocimiento, y donde los actos de heroísmo no siempre son debidamente recompensados. Pero los soldados españoles, inmejorables profesionales conscientes de sus responsabilidades, seguirán cumpliendo impecablemente con su deber, confiriendo máximo prestigio a nuestro país. Continuarán siendo las tropas más queridas en cualquier escenario, prestas a ofrecer sin dudar hasta su último aliento en cumplimiento de su misión. Como verdaderos héroes de paz.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS