Está visto que en Corea del Norte todavía no han formado maestros del 'Photoshop'. Ni siquiera las fotografías que deben demostrar el buen estado de salud de su líder, el presidente Kim Jong-il, han conseguido engañar a nadie. Aunque los expertos en imagen digital han tardado unos días en dar con la trampa. El pasado miércoles, el Gobierno norcoreano difundió una escena en la que el pequeño dictador preside dos unidades militares, teóricamente tomada dos meses después de haber sufrido un supuesto infarto cerebral del que podría haber sido operado.
A primera vista se trata de una foto de familia tradicional: varias filas de uniformes marrones entre las que destaca la chaqueta beis del dirigente comunista. Pero una mirada más detenida revela ciertas incongruencias técnicas que provocan aún más dudas sobre el estado de salud de Jong-il.
Han sido los editores del rotativo británico 'The Times' los primeros en descubrir la trampa. En primer lugar, es evidente que hay una delgada línea negra por todo el escalón frente al que posa el presidente norcoreano. Excepto entre su figura y las dos que la flanquean, momento en el que desaparece como por arte de magia. Podría ser una coincidencia, e incluso una marca para señalar el lugar que tenía que ocupar el líder, pero, además, la sombra que proyectan las piernas del resto de los militares difiere con la de Jong-il, que resulta mucho más vertical.
Abierta la veda, otros medios de comunicación, como la BBC, han destapado algún detalle más complejo, pero que resulta determinante para concluir que se trata de una imagen falsa: los píxeles en torno a los pies del dirigente no concuerdan con los del resto de la fotografía, muestra de que su retrato ha sido 'pegado' al conjunto. Ahora, el escrutinio se centra en el resto de las imágenes difundidas por la prensa estatal, embarcada en una campaña de difusión de fotografías para demostrar que el hijo del Gran Líder continúa vivo. No sería la primera vez que se manipula una imagen en Corea del Norte. Ya se hizo con la silueta del padre del actual presidente en lo alto de la montaña Paektu, un símbolo nacional.
Pero lo cierto es que la instantánea de la revista a la tropa ha conseguido exactamente todo lo contrario de lo que pretendía. Coge fuerza la teoría de que Kim Jong-il, de 66 años, está gravemente enfermo. Y tampoco faltan los rumores sobre su posible muerte, futura o pasada. El problema para el régimen de Pyongyang reside en la falta de un sustituto claro capaz de continuar con la línea de quien ha conseguido mantener al mundo en vilo y a Corea del Norte completamente aislada del mismo, o de impulsar un cambio como el que vive China desde hace tres décadas.
El anuncio de su fallecimiento podría resultar en un caos, por lo que, aunque fuera de las fronteras del hermético estado se descubra la chapuza del montaje, es muy posible que la imagen sirva para contentar a la audiencia norcoreana. De algo tienen que servirle a Kim Jong-il todos sus esfuerzos por mantener a los ciudadanos en una total ignorancia.