En una economía globalizada, nadie es una isla, y por tanto la crisis terminará afectando al País Vasco, señala Jaime Fernández, secretario general de la Federación Vizcaína de Empresas del Metal (FVEM), organización en la que está integrado la mayor parte del sector provincial y que supone casi el 25% de toda la industria vasca. Fernández vaticina destrucción de empleo y grandes dificultades para algunas empresas, pero confía en que la recuperación pueda ser acelerada.
-¿El momento de la industria en general y del metal en particular es tan delicado como aparenta?
-Euskadi no podía quedarse al margen en esta crisis global. La actividad viene reduciéndose desde hace meses y esa cadencia indica que lo peor está aún por llegar, aunque la situación empieza a ser dramática desde el momento en que afecta ya al empleo. Sin embargo, las empresas del metal afrontan la situación con herramientas que antes no tenían: solidez financiera, estructuras de personal más operativas, mayor internacionalización... Y saldremos adelante. Estoy seguro.
-¿Cuál es la evolución del sector del metal de Vizcaya?
-En los ocho primeros meses de 2007 crecíamos a un ritmo del 6,5%, y un año más tarde se ha producido un retroceso del 0,8%. Esta situación no ha repercutido de forma inmediata en el empleo, pero lo hará muy pronto. De hecho ya está afectando a la renovación de contratos temporales, y para 2009 esperamos reducciones de plantillas. No quiero ser alarmista, pero tampoco pecar de ingenuo, y lo cierto es que no hemos hecho más que empezar a ver las consecuencias.
-¿Qué subsectores están resultando más afectados?
-Todos se acaban ajustando de una forma u otra a las nuevas circunstancias. Pero destacaría los que trabajan para la construcción, el de electrodomésticos, el del automóvil y los de transformados metálicos que los abastecen.
-¿Qué pediría y a quién para frenar este deterioro?
-A veces se busca un brazo salvador en la Administración, que puede tener herramientas para frenar la economía, pero difícilmente para estimular la actividad. En una crisis global, poco puede hacer el poder local. Por ello, pediría políticas fiscales y monetarias coordinadas a todas las administraciones, como menores tipos de interés, la rebaja del Impuesto de Sociedades, el recorte de las cotizaciones sociales, mayor flexibilidad laboral...
-Siempre terminan pidiendo el abaratamiento del despido...
-No tiene que ser necesariamente de facilitar el despido. Me refiero a una política más ágil en los expedientes de regulación de empleo.
-¿Haría un vaticinio sobre cuál será la salida a este atolladero mundial?
-Esta crisis trasciende su origen y sus consecuencias van a ir mucho más allá del control sobre las operaciones financieras. La refundación del sistema es necesaria. Hacen falta nuevas reglas de juego en lo financiero y en lo productivo, más sólidas. En cualquier caso, creo que una de la salidas para al industria, al menos en Europa, es la que ya hemos ensayado: más investigación, desarrollo e innovación.
-¿Cómo está afectando la restricción del crédito a las empresas?
-Puede tener un papel determinante para empeorar la situación o para hacer más llevadera la crisis. Creo que en las actuales circunstancias sería exigible a la banca un adecuado comportamiento en materia de riesgo. La parálisis de los créditos a las empresas saneadas y con larga tradición no puede justificarse por el miedo.
-¿Cuáles son las industrias del metal que más peligran?
-Las que tienen el perfil tradicional de empresas en apuros. Es decir, las posicionadas sólo en el mercado interior, ligadas al consumo, con una dimensión pequeña o media y con poca actividad en I+D+i. Son candidatas al cierre. Las que diversifican, dan valor añadido y tienen la dimensión adecuada... no tendrán grandes problemas.
-¿Ve usted la luz al final del túnel?
-Lo mismo que hemos entrado en esta crisis de forma acelerada, la recuperación también podría serlo. Hay motivos para la esperanza: los precios de la energía y las materias primas están a la baja, la inflación está cayendo, la paridad del dólar respecto al euro ya no es tan perjudicial y los tipos de interés también van hacia abajo. Pero no sé cuándo se va a tocar suelo, porque hay un pánico desatado que se refleja perfectamente en la Bolsa.