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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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ALAVÉS

Rescata un puntotras regalar un 0-2 en veinte minutos bochornosos y reaccionar con coraje ante un Sevilla Atlético pleno de inocencia

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El Alavés se aplicó ayer la pintura de camuflaje con dos goles de coraje que rescataron un triste punto, pero no lograron ocultar la lividez crítica de un rostro albiazul al que ha abandonado el color a base de repetidos despropósitos. El Sevilla Atlético resultó el segundo colista consecutivo que soliviantó los ánimos en Mendizorroza y sólo su extremada inocencia le privó de provocar una auténtica guerra civil. De un tiempo a esta parte, el césped del Paseo de Cervantes se ha convertido en una bicoca para cualquier adversario, un lugar donde jugar al fútbol con máxima placidez tras recibir la bendición de un equipo vitoriano sumergido hasta el cuello en sus gravísimos problemas defensivos.
Después del 0-3 ante el Elche, en teoría una clara advertencia, la salida al campo del Alavés sólo se puede tildar de humor negro. Con Garitano, Cabrera y Emilio Sánchez en la grada por lesión, Salmerón cumplió la amenaza y mantuvo a César en el centro del campo. Volvió a retirar de la zaga la carta adecuada para que el castillo de naipes cayera a plomo.
Almirón y los regalos
A la tozudez del técnico es achacable la estrategia, que no el desempeño de un equipo que parece trabajar para la beneficencia. Difícil es recordar un esperpento de tal calibre como el protagonizado por Almirón en el eje de la zaga, que ejerció ayer de punto de arrastre para unos compañeros que tampoco quisieron desentonar en el caos defensivo. Dos goles del Sevilla Atlético, el segundo un regalo con lazo del argentino, y un par de ocasiones más clamorosas sazonaron veinte minutos que sólo cabe calificar de bochornosos. Sin el más mínimo atisbo de contundencia para abrigarse de una desnudez extrema, la que parece abocarle a temperaturas ligueras glaciales de no mediar por la vía rápida un calentador de actitud y concentración.
El Alavés cuadró en esos instantes todas las deficiencias posibles. Con un fútbol ramplón, sin velocidad y, sobre todo, pleno de imprecisiones para conceder balones en zonas peligrosas. Con un equipo, como se vio ante el Elche, incapaz para la construcción en el centro del campo y endeble en defensa, el cuadro vitoriano se empecinó en el pase corto hasta extender una alfombra a un rival cuyo único bagaje era la calidad de su ataque. Para enmarcar.
Cuevas, suerte e Igor
Sólo ante el Sevilla Atlético, un equipo de mantequilla pese a su oficio para perder tiempo, cabía reaccionar en semejantes condiciones. Al filial andaluz, con una defensa adelantada, se le cortaba la respiración cada vez que el Alavés atinaba con un cambio de orientación y se dedicaba a seguir en bloque la jugada. También en cualquier saque de banda largo o balón al área. Vamos, bastaba con brío y empuje para que temblasen sus cimientos. Así, en un despeje devuelto al área por César atinó Cuevas -que estrenó titularidad y fue novedad junto a Pedraza -con la portería. Para entonces, un adversario de otro calibre hubiera liquidado el partido.
Perotti tuvo el balazo definitivo en su cañón, pero después de abrillantar la culata con cuatro o cinco recortes sublimes se comió el disparo ante la desesperada defensa de Kalderon bajo palos. El Alavés era ya otro tras la lesión de Almirón, el regreso de César a la zaga, la entrada de Moreno y la de Igor. De la vergüeza ajena se pasó a rozar el triunfo. Sin grandes alardes, con un juego directo. El tercer cambio, la entrada del hasta ahora desahuciado Samuel en el medio centro, apuntó a recurso desesperado o a expediente X.
De otro rechace llegó el empate de Igor y veinte minutos para buscar un maquillaje completo al desbarajuste. No llegó -Toni Moral lo rozó en el descuento ante diez por la expulsión de Valiente- y el Alavés se sumió en su descorazonadora realidad. Con el equipo muy tocado y el entrenador en la misma situación. La de emergencia.
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