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Sociedad

09.11.08 -

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Jesús Hermida, el hombre que nos descubrió Estados Unidos, vive sentimientos encontrados. «Me pasé doce años soportando la noche de Halloween. ¡Y ahora también se celebra aquí!». La anécdota ejemplifica la fascinación que despierta un país del que venimos adoptando formas de vida de una manera casi inconsciente. Al mismo tiempo, el antiamericanismo ha nutrido el ideario político de la izquierda durante décadas. De '¡Bienvenido, Mr. Marshall!' al '¡Yanquis go home!' hemos recorrido un largo trecho, cimentado muchas veces en el desconocimiento de una potencia cultural que ha sabido exportarse en el imaginario cinematográfico y televisivo.
«Estados Unidos es el país más importante tanto para quien lo ama como para quien lo odia, no sé cuál de los dos está más pendiente». Fernando Savater adivina «un profundo complejo» en la relación «absurda» de amor-odio. «No hay manera de quitárselo de encima. Lanza modas, estilos, películas, series, libros... Tendríamos que mantener una relación menos crispada, sin mirarlo constantemente como si fuera el último paraíso sobre la Tierra, ni despreciarlo como los cretinos que se alegraron cuando se desplomaron las Torres Gemelas».
El 70% de los espectadores españoles que fueron al cine el año pasado eligieron una película de Hollywood. Las series que han revolucionado la parrilla televisiva provienen de canales por cable como HBO y Showtime. La lista de libros más vendidos esta misma semana también habla inglés: Paul Auster, Christopher Paolini, Stephenie Meyer... «Somos inconscientes del grado de dominación cultural y social que ejerce Estados Unidos sobre nosotros», observa David Trueba.
Al cineasta y escritor, que estudió en el American Film Institute de Los Ángeles, le hacen gracia las muestras públicas de odio hacia una cultura que forma parte de nuestro ADN. Quemar banderas calzado con unas Nike. «Bajo el antiamericanismo se esconde en realidad una impotencia, la pataleta de un niño que se quita de encima una milésima parte de una carga y ya se proclama libre. Un consuelo de tontos, porque cualquiera que conozca América sabe que es un país muy complejo con extremos insospechables; conviven la persona más culta y especializada del mundo en una universidad perdida y el patán que sigue creyendo que el hombre desciende de Adán y Eva».
El director Álex de la Iglesia cumplió con 'Perdita Durango' su sueño de rodar en inglés. Contempla el resquemor hacia Estados Unidos como «un remanente ideológico de la progresía de la Transición», sin sentido ahora que ya no existe la 'guerra fría'. «Esto no significa que debamos perder el culo. Si quieres estar en primera división, jugar con los mejores juguetes, debes contar con ellos. Pero sin dejar de mantener una posición escéptica ante el capitalismo brutal y su poder hegemónico en el mundo. Porque el proceso de americanización es irreversible, dentro de poco no habrá diferencias entre Arkansas y Bermeo».
Aires de grandeza
El problema es discernir entre el pueblo americano y sus dirigentes, cuya política exterior en los últimos años ha dilapidado el prestigio de la potencia que liberó a Europa del fascismo. Jesús Hermida recuerda que siempre se ha odiado a las naciones dominadoras -de Felipe II a Napoleón-, al tiempo que se las trataba de imitar. «Forma parte de la condición humana, hoy son los americanos y mañana serán los chinos. Eso sí, en España este discurso es más exacerbado que en otros países. En Francia son también antiamericanos, pero de un modo más intelectual. Y tampoco adoptan tanto sus formas de vida».
A nuestros ojos, los estadounidenses aparecen como un pueblo amable pero pueril, ignorante de lo que hay más allá de sus fronteras. Orgulloso de su patriotismo, infantiloide y feliz. Elvira Lindo lleva años con doble domicilio, entre Nueva York y Madrid. «Luchando contra los estereotipos en los dos continentes. Ellos creen que somos simpáticos y pasionales, como Bardem y Penélope en la última película de Woody Allen». Su vuelta a Madrid más dolorosa fue tras el 11-S. «Yo sentía que había que tener piedad, sin más. Y mucha gente me decía que se lo habían buscado».
Para la escritora, un híbrido perfecto se beneficiaría de la mezcla de español y estadounidense. «Nos vendría bien rebajar nuestro sarcasmo con su puerilidad, inyectar algo de inconsciencia en nuestro juicio sobre las cosas y tener el colmillo menos retorcido. El español es anticosmopolita por naturaleza. Entendemos que un inglés se venga a vivir para disfrutar del sol, pero no que te vayas a vivir a Nueva York. '¿Quién se habrá creído que es con esos aires de grandeza?'».
El periodista Guillermo Fesser, del dúo Gomaespuma, ha dedicado un libro a rebatir los tópicos sobre los yanquis. 'A cien millas de Manhattan' (Ed. Aguilar) toma su título del pueblo de su mujer, al que se fue a vivir dos años. «Coincidían los grandes titulares. Los niños están más gordos de lo necesario y algunos van al colegio con un rifle y matan a la profesora. No coincidía la cotidianidad con gente amable que padecía un presidente tan lamentable».
Fesser alquiló una casa vacía y un mes más tarde la tenía amueblada por 200 dólares. «Los vecinos se enteraron de que venía una familia española y nos regalaron mesas, sillas, lámparas...». Admira a una sociedad que tiene asimilada la igualdad de oportunidades y la movilidad. «Cambias de domicilio con frecuencia, lo que significa que necesitas a la gente de alrededor porque no tienes a tu familia. Es como si empezaras tu vida cada cierto tiempo, y los demás están abiertos a ayudarte». Le gusta su pragmatismo -«van al grano y te miran a los ojos»-, pero aborrece el consumismo, que ha convertido el país en «un parque temático para niños caprichosos de cuarenta años». Tampoco resulta fácil que se dejen llevar por la improvisación. «Quedar con alguien exige mirar la agenda un mes antes».
Feliz por la victoria de Obama, Fernando Savater todavía recuerda la Marcha sobre Washington y al gobernador Wallace impidiendo la entrada de estudiantes negros en la universidad de Alabama. «El topicazo de América como tierra de oportunidades es más verdad allí que en ningún otro sitio». El primer presidente negro certifica «la vitalidad de los mestizajes, la prueba de lo bien que les va a los que no son puros, mientras aquí todavía tenemos partidarios del RH».
Dinero y poder
El pintor Darío Urzay vivió en los años 90 en Nueva York. Justo encima de la estación de bomberos de la Calle 9, muchos de los cuales murieron entre los escombros del World Trade Center. Como otros creadores, no pudo resistirse a la atracción de un país que succiona talento. «Estados Unidos es el principal exportador del 'software' cultural que tenemos instalado en nuestra conciencia, lo adoptamos sin darnos cuenta. Es un imán porque ocurren cosas debido al cruce de creadores de todo el mundo. Hay un intercambio: das algo, te dan algo».
El músico Santiago Auserón pasa temporadas en Nueva Orleans, enriqueciéndose de la fusión entre los ritmos de los blancos y los negros. «Me llevo bien con Estados Unidos por el lado que me gusta. Tengo amigos allí que representan una tradición intelectual libertaria y original, que está en la Constitución del país. Me atrae esa amalgama cultural y la osadía con la que miran el porvenir». El ex Radio Futura sabe que el dinero y el poder no tienen color ni raza. «Sólo aquí los oprimidos pueden convertirse en opresores».
El director Pablo Berger peregrinó hacia la tierra de sus mitos porque en España ni siquiera existía una escuela donde estudiar cine. Vive en Madrid y a veces piensa en regresar. «Ahora todo está descentralizado, Internet lo hace posible desde cualquier parte del mundo». Para Berger, descalificar América supone «descalificar a todas las razas». Medrar en la sociedad competitiva por excelencia asegura el reconocimiento en el lugar de origen. Como sentencia David Trueba, «Bardem hace las Américas, Maribel Verdú era una actriz horrible hasta que le llama Coppola... Nadie es valorado en España hasta que triunfa allí».
'Yanquis come home' (venid a casa), proclamaban las pancartas de algunos países necesitados del tío Sam. Jesús Hermida reflexiona: un presidente negro, y nosotros desenterrando fosas de la Guerra Civil. «¿Sabes cuántas orquestas sinfónicas hay en Estados Unidos? Tres mil. Cuando un amigo me pregunta dónde mandar a su hijo a aprender inglés no dudo. A Estados Unidos. Pero tendrás un problema, porque no querrá volver».
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