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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

09.11.08 -

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En muchos casos, la exigencia de euskera no era el motivo por el que un funcionario con plaza en el País Vasco decidía pedir el traslado en ese éxodo de los años noventa. Agustín Andrés Irazola fue director de un instituto de Portugalete, y no tenía problema alguno con la lengua vasca. «Pero el ambiente dentro del centro era irrespirable. Era una continua lucha entre abertzales y no abertzales, en la que estaban implicados padres, profesores y alumnos. Los chavales convocaban huelgas y jornadas de protesta por cualquier cosa. No había libertad para expresarse en castellano. Eran situaciones absurdas, de pronto ya no podías decir la palabra España, todo era 'estatal'», recuerda este docente vizcaíno de Geografía e Historia que impartió clases durante 20 años en su tierra.
La tensión fue creciendo hasta que tuvo miedo. «Desde sectores radicales nos dieron un toque a cuatro directores de la margen izquierda. Un día se me acercó un 'emisario' y me dijo: 'Cuidadito con lo que dices en tus clases, porque te puede pasar algo'. Lo hicieron después de una clase en la que hablamos sobre el fascismo y puse algunos ejemplos de actitudes fascistas». Aquella amenaza marcó para Agustín el punto final. Se apuntó a un concurso de traslados en 1996 y obtuvo plaza en un instituto cántabro. Ahora reside en un pueblo cercano a su trabajo.
Miguel es profesor de Historia en un centro de Secundaria de Santoña. No quiere que aparezca su apellido. Tiene 55 años y estuvo 18 dando clases en institutos de la capital vizcaína. Vive en Barakaldo. Destila desencanto, hasta rabia. Tampoco culpa a la lengua de su marcha. «No me gustaba el ambiente. Yo simplemente hice lo que nos aconsejan los nacionalistas vascos a los que no están de acuerdo con ellos: ¡Iros a España! Pues me fui».
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