Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Álava

ÁLAVA

El aeropuerto se transforma de noche en un hervidero de naves, atendidas por 100 operarios
09.11.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Son las cuatro de la mañana y el frío y la humedad vaticinan una dura noche de trabajo. Ha comenzado a llover y no es raro descubrir pequeños copos de nieve mezclados entre las gotas de agua que se reflejan en las inmensas torres de luz. No es para menos, el descenso térmico -el mercurio no pasa de los cuatro grados- ha sido muy acusado. De golpe, Vitoria ha pasado de la placidez de una primavera tardía a la incomodidad de un invierno tempranero. Y en el aeropuerto de Foronda, la sensación de frío se acentúa mucho más. «El desplome de las temperaturas siempre se produce pasadas las seis de la mañana, cuando comienza a amanecer», pronostica con un sonrisa maliciosa Víctor González, jefe de operaciones del turno de importación de DHL, la principal firma aérea de paquetería que opera en la capital alavesa. A final de año manejará el 80% de las casi 30.000 toneladas que se moverán en el aeródromo, el tercero en importancia por detrás de Madrid y Barcelona.
Foronda se transforma por la noche. La actividad, que en la zona de pasajeros es durante el día escasa, se convierte en febril en la terminal de DHL, pese al tiempo inclemente. Un centenar de personas -una buena parte de ellos trabajan a la intemperie- se distribuye en grupos para atender a los siete aviones que llegarán desde distintos puntos de Europa para luego despegar a diferentes ciudades españolas y de Portugal. «Esta operación se realiza dos veces al día, en sesiones de tres horas cada una. Como Vitoria es el 'hub' -centro de distribución- que DHL tiene en España, aquí debemos clasificar toda la mercancía para colocarla en el avión correspondiente», relata González.
Intenso trajín
El primero en aterrizar en Foronda, a las 4.20 horas, procede de la ciudad alemana de Leipzig. Le siguen en apenas cincuenta minutos otras aeronaves de Londres, París, una más de Leipzig y una última de Bruselas. «Las operaciones empiezan a las dos de la mañana con un avión desde Bérgamo», matiza el responsable del turno de noche. El trajín en el exterior es impresionante. Furgonetas, coches y decenas de contenedores perfectamente pertrechados se pierden entre los tres Boeing 757, un Boeing 737, y tres ATR. Dentro de la terminal, los trabajadores se afanan, a contrarreloj, en clasificar los envíos para su posterior distribución en contenedores. Por ejemplo, en cada 757 se colocarán quince amplios recipientes de metal, en total, casi 22 toneladas. Tampoco faltan miembros del servicios de aduanas para inspeccionar los paquetes y apartar los que contienen mercancías peligrosas.
Víctor González no para de andar de un lugar para otro, 'walkie' y móvil en una misma mano, en difícil equilibrio. Llama a los responsables de cada cargamento para conocer los pormenores y, sobre todo, para cerciorarse de que los envíos saldrán a la hora prevista, algo que ocurre casi siempre. «Hay mucha gente que paga para que su pedido esté en el lugar de origen a una hora determinada», recita González.
Lo cierto es que para una compañía courier -transporte de paquetería urgente-, como DHL, en la que la rapidez es su principal baza, Foronda es el enclave ideal. Los aviones pueden volar en condiciones de baja visibilidad y el aeropuerto está operativo las veinticuatro horas. «Ha tenido un índice de desvíos de vuelos mínimo», matiza Enrique Gutiérrez, responsable de Vitoria International Airport (VIA), que supervisa las operaciones como mero invitado. De hecho, él ha trabajado en DHL.
Alguien ha abierto una gran puerta lateral y el frío se hace cada vez más intenso. Justo, en el momento de más tensión de la jornada nocturna. Y es que hay que cumplir a rajatabla los horarios de salida de las siete aeronaves que comienzan a mover sus turbinas y hélices. Valencia, Lisboa, Santiago de Compostela, Sevilla y Oporto, Alicante y Málaga son los destinos. El primero en despegar, con el alba a punto de despuntar, es el de Valencia.
Son las 6.20 horas y ya es casi imposible permanecer quieto en la zona de estacionamiento de las aeronaves. Lo había pronosticado Víctor González. Las temperaturas descenderían sobre esa hora. Ha acertado. Un grado marca el termómetro bajo un auténtico aguacero, cuando a las 6.55 se marcha un avión rumbo a Lisboa. El último de la operativa nocturna despega a las 7.50 en dirección a Málaga. Coincide en la pista de rodadura con el vuelo regular de Air Nostrum a Madrid.
El peligro de la nieve
Se han cumplido los horarios y todo el mundo respira tranquilo. «La nieve es lo peligroso, porque las operaciones se retrasan», reconoce González, ya más calmado, mirando a un cielo que amenaza plomizo. Ahora, sólo resta vigilar las operaciones de las furgonetas ancladas a los muelles de carga. Antes de las ocho de la mañana comenzarán a repartir, vía terrestre, envíos por Vitoria y las provincias limítrofes.
Justo cuando DHL relaja su actividad, que retomará con fruición a la tarde, comienzan su trabajo las otras dos compañías de paquetería, Fedex y TNT, cada una con un avión. A las ocho de la mañana llega el primero y un cuarto de hora más tarde, el segundo. Más contenedores, que serán clasificados en sus correspondientes terminales.
Es la otra cara de Foronda, la menos laureada, pero la que mantiene a flote un aeropuerto que cada mes gana en prestigio en el manejo de mercancías. «En el aeropuerto de Vitoria la carga aumenta un 17%, al contrario que la tendencia mundial, que es de caídas continuas», señala orgulloso Enrique Gutiérrez. Una buena y bien ganada tabla de salvación.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS