«No puede ser. He llegado a las diez menos cuarto de la noche, son las dos de la madrugada y seguimos aquí. Es increíble. Un solo médico para atender a tanta gente». Es sábado de madrugada. La mujer que se queja está con su hija adolescente y le basta mirar alrededor para conseguir que los demás, unas quince personas, ratifiquen sus palabras.
Ella ya no sabe qué postura coger en las sillas de hierro de la sala de medicina general que llaman para «ambulantes». Es decir, preparada para los pacientes que han venido con dolencias no graves que no afectan a su supervivencia. De esa evaluación y de decidir el orden de atención se encarga una enfermera que atiende de inmediato a los que llegan y les advierte: «Hay una docena de enfermos antes que usted. Un solo médico los atiende. Va a tener que esperar».
Un golpe en un ojo con intensos dolores, una migraña, un cuadro griposo o una lesión en el pie eran algunas de las causas por las que más de una docena de enfermos acudieron la noche del viernes y la madrugada del sábado y fueron derivados hacia el área de ambulantes. En Txagorritxu hay además un zona de pediatría, otra de traumatología y una denominada boxes con 16 camas, donde se atiende a los más graves. Muchos de ellos son ingresados después.
Sobre las diez y media de la noche del viernes todas las salas estaban llenas de pacientes y familiares, según pudo comprobar EL CORREO. En medicina general contabilizó unas 30 personas. Había gente en los pasillos sin poder sentarse. Hubo quien al ver aquello prefirió marcharse al PAC de la calle Santiago. Hizo bien. «Era una obstrucción de oídos y me atendieron enseguida», comentó el afectado horas después. Cuando fue llamado por su nombre en Urgencias de Txagorritxu sobre las dos de la madrugada nadie respondió. Dormía plácidamente en casa.
Sobrecargar el servicio
Los retrasos extraordinarios en urgencias son una constante en las quejas sanitarias de los últimos años y lo denuncian tanto los usuarios como los sindicatos. La dirección de Txagorritxu considera normal la situación, «como siempre», en palabras del gerente Francisco Villar, aunque reconoce que hay más pacientes infantiles por el cierre de Pediatría de Santiago.
¿Es normal que sólo haya un médico de guardia entre las 10 y las 8 de la mañana para atender a los ambulantes?, se preguntaban los pacientes. Sólo obtenían una respuesta en las propias paredes de la sala. Un panel informativo advierte que «sobrecargar los servicios de urgencias lleva a aumentar los tiempos de espera y perjudica las urgencias verdaderamente graves. Es el médico de cabecera el que está más capacitado para atenderle en primera instancia». A continuación se informa de las direcciones, teléfonos y horarios de los ambulatorios y del PAC. En una palabra, no vuelva salvo que sea de vida o muerte porque le espera una inmensa cola.
Hasta el personal sanitario del servicio de Urgencias considera que «la gestión es un desastre y el servicio está abandonado», aunque los sindicatos creen que el mayor problema no es tanto la saturación de las salas de ambulantes o las de pediatría, que afectan a pacientes que pueden aguardar un poco, sino la falta de camas para los que tienen que ser ingresados. «Esa es la clave. Txagorritxu ha rebajado el número en los últimos años de 700 a 374 camas. Hay razones que explican que antes por una apendicitis se estaba 7 días y ahora basta con dos. Hay atención a domicilio, más gente mayor y más inmigrantes», señala Luis Jiménez del sindicato ELA. Pero el viernes noche y la madrugada del sábado el atasco no estaba en las urgencias de los que acaban hospitalizados, sino en las de los demás. Más de uno tuvo que esperar cuatro horas.