La mala fama de los abogados tan sólo es comparable a la de los periodistas. Pero hoy hablamos de los primeros. En cualquier juzgado podrá oír sonoras críticas sobre interminables procesos que se dilatan con inexplicables maniobras legales. Algo así debe ser lo que ocurre en Misuri, donde un batallón de letrados examina, al parecer uno a uno, los votos emitidos el martes. Los resultados ni han llegado ni se les espera todavía. Se empeñan en dejar claro si el estado sigue siendo republicano o se han pasado a los demócratas. En el mapa americano, por tanto, entre los veintinueve estados azules y los veinte rojos hay uno sin asignar, en color gris, el de los confederados que cabalgaron por sus praderas hace siglo y medio.
El fantasma del fraude llevó a ambos partidos a desembarcar en este territorio del medio oeste, como lo hicieron hace años en Florida, con todas sus huestes legales para detectar cualquier resquicio que incline la balanza hacia su bando. De momento, McCain lleva una ventaja de 5.868 votos (49,5%- 49,3%). Pero nada es definitivo porque quedan más de 7.000 por determinar. «El Colegio Electoral no adjudicará sus once delegados hasta que los resultados sean oficiales», advirtió ayer Laura Egerdall, portavoz del Gobierno estatal. La legislación concede dos semanas para verificar las papeletas.
Buen ojo
La Puerta del Oeste, denominación de Misuri porque de allí partían los colonos que se dirigían hacia el Pacífico, perdería su buen ojo si finalmente en la suma de sus urnas vence McCain, ya que desde hace 52 años ha apoyado siempre al candidato que finalmente ha llegado a la Casa Blanca. De cualquier manera, su escrutinio nunca ha estado tan ajustado desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.
Misuri, que recibe su nombre de la tribu de los 'missouris' (el poblado de las canoas grandes). cuenta con un sistema electoral anticuado que dificulta el recuento. Es prácticamente el mismo que se utilizó por primera vez en 1821, cuando logró la condición de estado.
Ello puede convertirlo en la nueva Florida, donde en las elecciones de 2000 el escrutinio no fue definitivo hasta que el 12 de diciembre el Tribunal Supremo decidió detener el esperpento y dar la victoria a Bush. El de Texas se convirtió en el cuadragésimo tercer presidente de Estados Unidos. El cuadragésimo cuarto ya está decidido. Por lo tanto, ¿qué importa lo que pasa en Misuri? Bueno, quedarían los congresistas y los senadores.
Obama quiere sumar con Misuri el décimo estado que roba a los republicanos. Sumar y sumar. Porque, además, en gran parte de los territorios en los que se impuso su rival, las capitales y grandes ciudades se decantaron por su mensaje. Así en Texas, republicano por excelencia, se impuso en Dallas, San Antonio, Austin y Houston. Igual sucedió en Luisiana, donde ganó en Nueva Orleans y Baton Rouge. En Arizona, el estado de McCain, venció en Tucson; lo hizo asimismo en Kansas City, Nashville y Memphis (Tennesse), Columbia y St. Louis (Misuri), Louisville (Kentucky) o Montgomery (Alabama).
Son claro ejemplo del vuelco electoral que ha sufrido el mapa político de Estados Unidos. Aunque el cinturón central (Texas, Oklahoma, Kansas...) sigue siendo republicano y los demócratas consolidan sus posiciones en los grandes estados costeros (California, Oregón, Connecticut, Massachussets...) se ha dado la vuelta a feudos tradicionales del partido del elefante como Colorado, Nuevo México, Iowa, Indiana, Ohio, Virginia o Carolina del Norte, y, por supuesto, Florida, la última tumba demócrata.