La Inspección de Trabajo estudia si la actual plantilla de Michelin, o trabajadores que formaron parte de ella hace años, han estado expuestos a los riesgos derivados del amianto. La investigación se centra en determinar si ha existido dentro de la planta una manipulación del citado material cancerígeno sin la adopción de los controles, exigidos por mandato legal desde 1984. Esto es, si ha habido o no un riesgo real de exposición de los trabajadores a las fibras emitidas por este dañino mineral.
Si la resolución de ese órgano de fiscalización laboral confirma que ha existido ese peligro no controlado, la empresa estaría obligada a identificar a los trabajadores que están o han estado en los puestos de riesgo. Todos ellos, que podrían ser varios centenares, tendrían que ser sometidos a intensos recogimientos médicos, que incluirían la tomografía computadorizada (TC) en casos dudosos. Parte de ellos, los del personal que ya no está en plantilla, deberían ser hechos por Osalan.
El proceso que ha desencadenado este expediente es la reclamación de un ex trabajador de Michelin al que se diagnosticó un cáncer de pulmón en 2007. El afectado pidió, sin lograrlo, que se reconociera el origen laboral de su enfermedad. Pero sus abogados aportaron una sentencia del Tribunal Superior del País Vasco en la que se acredita un accidente ocurrido en Michelin de Vitoria cuando se cambiaba una pieza de amianto.
Esta última circunstancia ha provocado un informe de Osalan que fue remitido en octubre a la Inspección de Trabajo. Ese documento, al que ha tenido acceso EL CORREO, dice que la presencia de amianto en la fábrica «ha quedado acreditada».
Entorno inseguro
Osalan confirma que ese material no se ha utilizado en el proceso productivo, pero sí constata que, al menos en junio de este año, se han retirado piezas de calorifugados hechas con amianto por un subcontratista no autorizado para realizar esas labores.
Ante esta circunstancia se estima que esas manipulaciones se hicieron «sin la adopción de medidas de protección que evitasen la exposición a la inhalación de fibras de los trabajadores que realizaban dichas tareas y de los que se encontraban en el entorno».
El protocolo de vigilancia del amianto ordena, en esos casos, que se debe considerar como expuestos al riesgo todos los trabajadores de las zonas afectadas, aunque existan dudas sobre si sufrieron o no tal exposición.