Un grupo de desconocidos intentó la madrugada de ayer incendiar el ayuntamiento de la localidad guipuzcoana de Ibarra. Los radicales derramaron líquido inflamable por debajo de la puerta principal y le prendieron fuego. Las llamas causaron diversos desperfectos, aunque fueron sofocadas de manera inmediata por los bomberos. Se trata del tercer sabotaje que sufre el consistorio desde el pasado mes de agosto.
El ataque se produjo poco después de la medianoche del miércoles. El incendio, que provocó una intensa humareda, afectó a la puerta principal y a la moqueta de la planta baja del inmueble. No hubo heridos.
El edificio se ha convertido en un objetivo prioritario de la kale borroka. Hace apenas unos días, el pasado fin de semana, varios desconocidos destrozaron a pedradas los cristales del despacho de la alcaldesa, Txelo Romeo (PNV), así como una vidriera de un valor económico elevado. Ya en agosto, radicales quemaron la puerta «e hicieron otro estropicio», resaltó ayer la concejal nacionalista.
Ibarra es una localidad con cerca de 4.300 habitantes situada en las proximidades de Tolosa. La fuerza más votada en las municipales de 2007 fue el PNV, que cuenta con cuatro concejales, los mismos que Eusko Alkartasuna. El PSE tiene dos y uno Ezker Batua.
Sin embargo, hasta la ilegalización de Herri Batasuna y de todas las formaciones que los tribunales han considerado sus sucesoras, era un feudo de la izquierda abertzale. El año pasado, los votos nulos -la lista de ANV en el municipio fue proscrita- sumaron 731 frente a los 405 obtenidos por los peneuvistas.
Doble indefensión
En este contexto, la propia Romeo reconoció que la presión de los sectores más radicales se ha intensificado durante esa legislatura. «No sé si será porque hay una parte ilegalizada o a la situación general», subrayó. En todo caso, puntualizó que a pesar de «sentirnos presionados», su equipo seguirá «luchando y trabajando por todos los vecinos».
La alcaldesa sostuvo que estos ataques los recibe como «avisos» al gobierno local, pero advirtió de que también perturban a los trabajadores del consistorio y a todos los vecinos porque es «un edificio público y a ninguno le gusta que atenten contra intereses de todos».
Para intentar evitar estas continuas agresiones, anunció que van a incrementar las medidas de seguridad con la colocación de cámaras exteriores de vigilancia. «Aquí tenemos una doble indefensión, porque además de no tener seguridad, no tenemos Policía municipal», lamentó.
El sabotaje fue condenado por la junta de portavoces del Ayuntamiento, así como por las principales fuerzas políticas vascas, a excepción de la izquierda abertzale.