A los estadounidenses les encantan este tipo de historias. Disfrutan con esas biografías épicas trufadas de penalidades, pérdidas familiares, problemas de salud y una férrea voluntad contra cualquier adversidad que convierte al protagonista en un triunfador. Joseph 'Joe' Biden (Penssilvania, 1942) personifica de un modo excepcional este gusto tan anglosajón.
Su vida conjuga todos estos ingredientes. Le criaron sus abuelos por el hundimiento económico de su progenitor. A los 30 años, justo cuando acababa de recaudar un puesto en el Senado, perdió a su primera mujer y a una hija de sólo trece meses en un accidente de circulación a pocos días de la Navidad por culpa de un conductor borracho. Hace 20 años, sufrió un par de aneurismas que casi acaban con su vida... Pero nada le hundió; ni siquiera haber plagiado un discurso al optar por primera vez a ser el candidato demócrata a la Casa Blanca en los comicios de 1988. Nada pudo con él. Con el nuevo vicepresidente de EE UU, la persona que debe paliar las teóricas 'faltas' de experiencia del líder. El fiel aliado de Barack Obama.
Sin embargo, no siempre fue así. Ha habido serias divergencias. Biden apoyó la invasión de Irak, a la que se opuso el ya presidente. Del mismo modo, el senador por el minúsculo estado de Delaware, el sexto más veterano en este órgano, pugnó con el afroamericano por la nominación. Se retiró pronto. Pero antes le lanzó un 'recadito': «No creo que esté preparado», soltó.
Sus meteduras de pata resultan, en este sentido, escandalosas. Aunque Sarah Palin las ha minimizado durante la campaña electoral. Más preocupado en su juventud por el deporte y las chicas que por los estudios -ocupó el puesto 506 de 688 en el bachillerato-, este hombre mandó ponerse en pie a un parapléjico en un acto.
A punto de dejarlo
Pero detrás de estos gazapos se esconde un hombre de férreo carácter, curtido, de verbo hábil, en ocasiones demasiado locuaz, al que la pérdida de su mujer y su hija en 1972 le hicieron replantearse su vida política. Estuvo a punto de dejarlo, casi sin haber despegado. Sus compañeros le mantuvieron en la primera línea. Eso sí, dedicó cada instante en seguir la evolución de sus otros dos hijos, que sufrieron graves lesiones en el siniestro. Cada día dedicaba hora y media para ir en tren desde Delaware hasta Washington, a su puesto de trabajo. No les dejó. Cada jornada, menos el 18 de diciembre, fecha de ese trágico suceso.
Pero rehizo su vida. Este católico de ascendencia irlandesa conoció a su segunda esposa, Jill Tracy Jacobs, en una cita a ciegas. Con ella tuvo otra hija. Siguió su carrera en la Cámara Alta, de la que es el segundo miembro con menos ingresos, entre 45.000 y 288.000 euros. Aunque quizá sea uno de los que más formación tiene.
Eso le permitió ser el socio elegido. Su conocimiento de aspectos como las Relaciones Internacionales -presidió el comité del Senado- y el aspecto judicial. «Ofrecerá a Obama experiencia en política extranjera y en seguridad nacional», argumentó 'The New York Times', cuando en agosto el actual presidente demócrata desveló que Biden sería su compañero de viaje. Juntos han llegado a la estación señalada: l a Casa Blanca.