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El partido de Obama copa el poder legislativo al conseguir la mayoría en el Senado y reforzar la que ya tenía en el Congreso
06.11.08 -

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Las elecciones al Congreso y al Senado confirmaron ayer uno de los principios básicos de la política norteamericana: cuando la economía marcha mal y se destruye empleo, los votantes depositan su confianza en el Partido Demócrata. Como no se había visto desde la victoria de Jimmy Carter (1976) y desde el primer triunfo de Bill Clinton (1992) la ola de esperanza, impregnada de temor, que aupó ayer a Barack Obama a la Casa Blanca barrió también el poder legislativo. Los demócratas arrebataron a los republicanos la mayoría en el Senado (se renovaba un tercio de los escaños) y reforzaron la hegemonía de la que ya disfrutaban en el Congreso o Cámara de Representantes (donde la renovación fue completa).
La euforia de los vencedores se resumía en la frase pronunciada por Nancy Pelosi, la presidenta del Congreso: «Es la noche que hemos estado esperando». Harry Reid, jefe de la mayoría demócrata del Senado, apostilló en tono épico: «Hemos recibido un mandato; no es un mandato para un partido o una ideología, sino para el cambio, para la esperanza». Ambos constataron que el péndulo sociológico ha girado claramente en favor de la formación de Obama, que el pasado martes (madrugada de ayer en España) logró victorias incontestables en el noreste de Estados Unidos y, sobre todo, ha introducido cuñas en el oeste y en el sur del país, zonas en las que los republicanos han sido tradicionalmente fuertes.
En el Senado, al cierre de esta edición, los demócratas alcanzaron la mayoría con 56 escaños sobre un total de 100 (dos por Estado); mientras, sus adversarios retrocedieron de 49 a 40. Aún faltaban por asignar cuatro puestos que podían otorgar a los vencedores la 'supermayoría' de 60 votos en la Cámara Alta.
Ese listón impediría al partido del derrotado John McCain bloquear las propuestas del adversario con las tácticas obstruccionistas o dilatorias que han hecho famoso al Senado. No obstante, el valor de la 'supermayoría' es relativo, porque los partidos no funcionan en Estados Unidos como en Europa. Cuando la Casa Blanca impulsa una ley, sobre todo si es controvertida, también tiene que ganarse a los senadores de su propia formación política, que actúan conforme a los intereses de los electores que les han votado en cada estado.
Precisamente, uno de los senadores que resultó vencedor ayer fue el 'número dos' de la candidatura de Obama, el senador Joe Biden, quien salió reelegido en Delaware. Debido a su nueva condición de vicepresidente, tendrá que renunciar a su escaño en beneficio del gobernador de su estado. Ahora bien, también por ser el vicepresidente presidirá oficialmente el Senado, aunque no tendrá voto, excepto en los casos de empate.
Reagan y Roosevelt
El vuelco político que ha experimentado Estados Unidos, que algunos analistas comparan con la revolución conservadora que llevó a Ronald Reagan en 1980, o con el cambio histórico que dio la victoria a Franklin Delano Roosevelt en 1932, se puede apreciar en las sonadas derrotas que han sufrido algunas destacadas figuras republicanas. Una de las víctimas del 'ciclón Obama' es John Sununu, estrecho colaborador de George W. Bush, quien perdió su escaño en New Hampshire. Lo mismo le ha ocurrido en Carolina del Norte a Elisabeth Dole, que fue miembro del gabinete de Reagan y está casada con Bob Dole, el candidato que perdió la carrera presidencial frente a Bill Clinton en 1996.
El retroceso republicano no fue menos amargo en el Congreso. A la espera de que se cierren los escrutinios, de los 435 representantes que componen la Cámara Baja, los demócratas han pasado de 235 a 252. Por primera vez en 35 años, todos los congresistas de Nueva York son de ese partido, que, en conjunto, ha arrasado en la antigua Nueva Inglaterra, es decir, en los estados del noreste.
La marea del cambio ha desbordado incluso los comicios legislativos y se ha dejado sentir en las elecciones a gobernador que se celebraban en once estados de la Unión. Seis de los cargos que estaban en juego cayeron del lado demócrata, de modo que ese partido controla el poder ejecutivo en 29 de los 50 estados de la Unión, incluido Missouri, que fue arrebatado a los republicanos.
Tras las elecciones, el escenario estadounidense guarda cierto parecido con el que se encontró el presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt al ganar en 1932, pues entonces el Congreso y el Senado también estaban en manos de su partido. Los comicios se celebraron cuando la economía se había desplomado después del 'crash del 29' y se registraban 12,5 millones de parados. Como ahora, la victoria de Roosevelt estaba cantada y la mayoría legislativa le permitió poner en marcha los primeros planes de reactivación económica nada más tomar posesión del cargo. Aquel corto periodo, de febril actividad legislativa, se conoce como los primeros Cien Días del New Deal (el nuevo trato con la sociedad).
Siete décadas y media después, la hegemonía en las dos Cámaras puede ayudar a Barack Obama a impulsar su urgente programa reformista, que pretende sacar a Estados Unidos del atolladero en que está atrapado tras los mandatos de George W. Bush. El comportamiento de congresistas y senadores, sobre todo de estos últimos, será decisivo para que la agenda de la Casa Blanca salga adelante y pondrá a prueba la capacidad del presidente para formar mayorías.
En este sentido, los analistas subrayaron ayer el conocimiento que Obama tiene sobre cómo funcionan las Cámaras legislativas y se mostraron convencidos de que mantendrá unido el Partido Demócrata.
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