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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

TAU Cerámica

TAU CERÁMICA

Lanzado por su extraordinario acierto ofensivo y una efectiva presión defensiva, el TAU arrolla a un pusilánime Alba Berlín
06.11.08 -

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En la noche de la entrada a un euro, el TAU Cerámica apiló razones para que esos afortunados retornaran otro día. Incluso abonando el precio de rigor oiga. Y es que, como en aquella primera época azulgrana de Dusko Ivanovic, su plantel transformó sus piernas en una hilera de ruedas de acero. Esa locomotora arrolló a uno de esos ingenuos visitantes que tanto abundan en la primera fase de la Euroliga. Sin dejar nunca de echar carbón a la caldera, el Baskonia se pegó una panzada de escándalo.
Tan despejado lo debió ver el entrenador montenegrino que hasta se decidió a girar más de lo habitual la ruleta de las entradas y salidas. Su dedo apuntó esta vez a lo más profundo del banquillo. A Nocedal y a Eslava. Ni qué decir tiene que el pabellón casi se desmoronó con esta prueba de benevolencia. Para el primero, además, supuso su estreno oficial con la camiseta baskonista. Seguro que recordará toda la vida el meneo así como la debilidad del campeón germano, cuyo preparador, Luka Pavicevic, siempre asociado a la exigencia, se moría de la vergüenza en su área.
Pero estas noches de excesos, en los que acarrear ventajas de hasta 44 puntos (106-42) se limitan al componente anímico, también esconden oscuros trasfondos. En este caso, el estado de Pablo Prigioni. Renqueante desde que se lastimara el pie izquierdo en Mahón, ayer tuvo el mal fario de que un rival, McElroy, se lo pisoteara con todo decidido. A juzgar por sus gestos de dolor y su tullido caminar hacia el vestuario, la cosa podría ser seria. ¡Qué bien le va a venir al de Río Tercero, y por extensión al resto de sus compañeros, la jornada de descanso en la ACB impar!
Otro fuera
Respecto al espectáculo deportivo, el Alba Berlín demostró que, como muchos otros en esta primera fase de la Euroliga, el rostro le cambia en función de su localización. En casa recitan de memoria. Por el extranjero, no obstante, son incapaces de hilar dos frases seguidas.
Todo ello después de aguantar de pie el primer cuarto. Más que nada por la pereza azulgrana en defensa. Ante la bronca de su patrón, los locales se transformaron en jauria. Comenzaron a meter la mano a cada pase germano. Con Splitter de guía tapiaron cada acceso a la zona. El espectacular acierto ofensivo, fruto en parte por la laxitud atrás del oponente. Y, claro, con tiempo para pensar y armar el brazo todos saben de qué es capaz este Baskonia.
Un parcial de 18-0 desenredó la equidad. Ese diluvio de canastas fáciles duró seis minutos, lo que le costó dar con la medida del aro al encogido quinteto visitante. Además, a diferencia de otras comparecencias, el TAU impuso la ley marcial. Presionó a todo el campo, una idea del libreto original de Dusko; pisó el acelerador con el balón en su poder; y dejó que peones enchufados, léase Rakocevic o Vidal, se jugaran todas las que les diera la gana. Un inciso, al minuto 25, el porcentaje de acierto en el triple alcanzaba un galáctico 75%. Nadie es capaz de hacer frente a semejante rapapolvo.
El triple de Splitter
En éstas, la diferencia crecía a un ritmo sonrojante. Aparte, en cuanto alguien se salía del guión, Ivanovic se encargaba de recordarle que con él se juega al cien por cien cada día, en cada situación y, si lo exageramos un poco, en cada acción. Así, cuando a Splitter se le ocurrió lanzarse un triple lo pagó con su ingreso en el banco. La ovación, no exenta de chanza, del público redujo el episodio a una anécdota.
Después, el trompicón de Prigioni y la cuarta personal de Shakur abrieron la baraja al postergado Nocedal. Saltó con cara de susto, trató de responder con alguna filigrana de más a l cariño del público y pudo degustar en primera persona de qué va esto de la Euroliga. Mientras, sus compañeros seguían a lo suyo. A castigar a un Alba Berlín que se derrumbó en cuanto le apretaron un poco las clavijas. Es que hay equipos que no aguantan ni un soplido.
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