Por quinto año consecutivo, el Madrid va camino de acabar la liguilla como segundo de grupo y de complicarse el cruce de octavos. Y en los años precedentes cayó ante Juve, su bestia negra, Arsenal, Bayern Munich y Roma. Malos presagios y peor la imagen de un equipo sin patrón, desgobernado, impotente, sin fuste, incapaz de probar como es debido en toda la noche al portero austriaco Manninger. Pueden quejarse con razón Schuster y Mijatovic del árbitro, reclamarle hasta tres penaltis, pero serían excusas de un club menor. De un equipo maltrecho que, de nuevo, claudicó ante el magisterio inagotable de Del Piero, despedido con una cerrada ovación. Una desatención en un avance del gran internacional transalpino y una barrera de risa en una falta certificaron la derrota blanca.
La noche se le complicó antes de tiempo al Madrid. Ya en el calentamiento, Robben sufrió su enésimo pinchazo muscular y se quedó fuera de la convocatoria. No tiene suerte este holandés esculpido con porcelana. Costó 36 millones y el año pasado cada minuto en Liga salió a más de 30.000 euros. Este curso va por el mismo camino. El problema se agrava para su equipo ya que, traspasado Robinho, es el único extremo puro en la plantilla. Y ante adversarios tan defensivos como los italianos, los jugadores que desequilibran por banda se necesitan como agua de mayo.
Mismos errores
Su puesto lo ocupó Drenthe, un jugador con unas condiciones físicas extraordinarias pero que alterna momentos de aparente indolencia con fases de excesiva energía. Se distrae y no mide bien los tiempos. El Madrid, además, es capaz capaz de tropezar varias veces en la misma piedra. Cayó hace un par de semanas en Turín porque dejó hacer a Del Piero y reincidió en Chamartín. Guti perdió el balón, todos miraron al viejo Alessandro, a punto de cumplir 34 años, y éste sorprendió a Casillas con un sutil lanzamiento desde fuera del área. En el Comunale ocurrió algo parecido a los 5 minutos. En el Bernabéu, a los 17. Demasiados regalos para un equipo experimentado, sin brillo pero con indiscutible oficio.
El resultado era exiguo, el dominio territorial de los locales evidente, pero Ranieri vivía tranquilo junto al banquillo y Schuster era un manojo de nervios. Síntomas evidentes del desenlace. La línea defensiva de la Juve, perfecta, per inquebrantable. El partido caminaba hacia alguna individualidad que forzara el empate pero el Madrid cometió otro error imperdonable en una falta. Iker colocó la barrera de pena y Del Piero la enchufó como quien enciende una lámpara de pie. Cerca del final, pudo firmar un 'hat trick' histórico.