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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

las otras caras de las elecciones

Las tropas en Irak confían en que el nuevo presidente decida el repliegue «pero la nación está por encima»

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«No se trata de soldados normales, todos estos jóvenes que ves en Irak son auténticos héroes. El 80% de las tropas desplegadas aquí y en Afganistán se alistaron después del 11-S y tienen muy clara su misión: hacer de este mundo un lugar mejor». El capellán Brent Causey trabaja en un despacho situado en el antiguo Palacio de la República. Los salones de lujo donde vivía Sadam Hussein se han convertido ahora en las oficinas de la Embajada de Estados Unidos, pero esta imagen cambiará en las próximas horas ya que la legación cuenta con un nuevo edificio y el emblemático inmueble será devuelto a las autoridades de Bagdad.
«Los soldados no estamos autorizados a hablar de las elecciones, no podemos hacer declaraciones sobre política», advierte uno de los responsables de prensa antes de comenzar la entrevista con el capellán. A su espalda un cartel con la bandera de barras y estrellas reza '¡Sé listo, vota!'. Después de atravesar una sucesión interminable de puestos de control situados en un pasillo de muros de cemento de cuatro metros de altura y pasar los cacheos de los guardias privados de seguridad de Uganda, primero, y Perú, después, todas las pertenencias son examinadas por tres escáneres y olfateadas por un perro. Pero al fin se accede a la conocida Zona Verde, una auténtica república independiente dentro de Irak.
Camino de la Embajada, en la entrada de uno de los palacios de esta parte de la ciudad, se puede ver uno de los escasos retratos del ex dictador que quedan en las calles. Tiene la cara borrada y sobre la escayola blanca aparece la frase: '¡Sadam, burro!'
El capellán Causey se encarga de las relaciones con las principales sectas del país y sus líderes le han transmitido que «lo que los americanos les hemos aportado en estos años es muy positivo». Piensa que «la situación de guerra duró hasta que derrocamos a Sadam, lo que tenemos desde entonces es una fase de reconstrucción». Natural del norte de California, aunque residente en Kansas, lleva más de veinte años en el Ejército y se encuentra a la espera de conocer su próximo destino que podría ser Afganistán, un lugar hacia el que también partirán otros muchos soldados desplazados en el país del Pérsico.
«Un poco revueltos»
«Están un poco revueltos, la verdad, pero ellos tampoco tienen muy claro si alguno de los dos les va a sacar de aquí o no», comenta uno de los guardias peruanos que con el trabajo de un año en Bagdad ha podido comprar un terreno y hacerse una casa en su país natal. «No noto un ambiente especial porque ya he vivido muchas elecciones, somos un país acostumbrado a estos procesos, no es nuevo para nosotros. Además, la nación está por encima de una persona, Estados Unidos es mucho más que su presidente», afirma con rotundidad el capellán que, como el resto de los 150.000 soldados y los miles de civiles del Departamento de Estado y Usaid votó en su momento por correo. «Las cartas tardan en llegar una media de ocho días, así que para nosotros la elección fue hace ya una semana», apunta la responsable del centro de prensa encargada de supervisar la entrevista.
«Yo también he votado por correo y espero que haya llegado la papeleta a su destino», confiesa Conrad Tribble, diplomático del Departamento de Estado que trabaja empotrado dentro de un equipo de reconstrucción provincial (PRT, por sus siglas en inglés). Como los militares, los diplomáticos tampoco realizan manifestaciones sobre los candidatos y prefieren centrarse en el día. Tribble opina que «una cosa es la presencia militar y otra la diplomática, aunque se produzca un repliegue de hombres en un futuro próximo, espero que la misión política y humanitaria siga desarrollándose aquí por largo tiempo».
Es la tercera vez que el capellán Causey está destinado en Irak, pero ya ha viajado por más de cincuenta países porque «el Ejército americano es como una gran multinacional». Veterano de la primera Guerra del Golfo, regresó en 2004 y su tercera misión comenzó hace tres meses. «La situación de seguridad es mucho mejor, ahora falta optimizar la percepción que los iraquíes tienen de nuestro trabajo. Estamos aquí para ayudarles a reconstruir su país y que sean independientes. Si no quieren que sigamos, nos iremos sin problema».
Una guerra necesaria
Obama fijó el plazo de retirada de tropas en «en dieciséis meses». McCain, por su parte, aseguró que la salida no debe producirse hasta que se consiga «una victoria definitiva sobre los terroristas». Un discurso en la línea de George W. Bush, quien, según el capellán, «tuvo que ir a la guerra para acabar con uno de los males que estaba asolando al mundo. Cinco años después Sadam no está en el poder y este pueblo tiene en sus manos todas las opciones de futuro, es un pueblo libre».
«Somos militares y yo estoy convencido que el pueblo iraquí nos quiere. Hay ciertos grupos aislados que son los que llevan a cabo los ataques, pero en general nuestros hombres son siempre bien recibidos. Acataremos las órdenes que nos den desde Washington porque a fin de cuentas estamos en manos de los políticos, pero sólo pido que con el próximo presidente las relaciones con las autoridades locales sean al menos tan buenas como ahora», apunta el capellán antes de abrazar su guitarra y entonar una de las canciones con las que ameniza las ceremonias diarias. «Esto es Irak y aquí todo es posible, ¿no?».
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