La educación en valores democráticos es una tarea en la que todos deben arrimar el hombro para lograr una ciudadanía responsable y evitar actos vandálicos como el que el pasado fin de semana acabó con una de las muestras fotográficas de Periscopio situada en la Virgen Blanca. Ésta es la opinión de José Tuvilla, inspector de Educación de la Delegación provincial de Educación de la Junta de Andalucía, que estos días participa en el Palacio Europa en el congreso sobre educación para la paz y los derechos humanos. Con más de treinta años de experiencia, Tuvilla rechaza que los jóvenes sean cada vez más violentos, reconoce que es la sociedad la que falla y aboga por la prevención frente a la tolerancia cero contra los comportamientos agresivos.
-El pasado fin de semana unos 3.000 jóvenes se concentraron de madrugada en el centro de Vitoria para pedir que los bares cierren más tarde. ¿Lo aprueba?
-Bueno, lo que están reivindicando los jóvenes son espacios de ocio. Mientras no existan alternativas de la sociedad a esas zonas, difícilmente los jóvenes van a procurarse o imaginar otra distinta. Otra cuestión sería cómo regular esos espacios de ocio de tal manera que haga que los jóvenes se puedan divertir sin hacer uso abusivo del alcohol u otras sustancias que les ponen en peligro a ellos o a la sociedad en general.
-Cuatro de ellos fueron detenidos por tirar y quemar una exposición fotográfica. ¿Cómo evitar estos actos vandálicos?
-La tolerancia cero fue desechada hace tiempo en todos los contextos donde se ha usado. Nunca las medidas disciplinarias han sido útiles por sí solas, sino que deben acompañarse de otras acciones que favorezcan una educación para construir una sociedad en la que se ejerza una ciudadanía de forma responsable. En casos como éste, la política tendría que ir en doble línea, primero prevención para educar y formar. Luego, control cuando surgen los problemas y luego vuelta a la prevención. Es lo más positivo.
Más sensibles
-¿Y no será que los jóvenes son cada vez más violentos?
-Yo diría que la sociedad es mucho más sensible a la violencia de todos los tipos: a la de género, a las culturales, a las guerras o conflictos... Lo importante sería reducir los factores de riesgo y aumentar los de protección, y uno de los factores que mejoran la convivencia e inhiben la violencia es que los centros educativos y la sociedad aprendan a resolver los conflictos de otra manera, en la que uno no siempre gana y otro pierde, sino en la que a través del diálogo se aprenda a ceder pero también a ganar y llegar a acuerdos y consensos. Aprender a ser más demócratas, en definitiva.
-¿Qué falla cuando en un aula unos chavales acosan a otros o pegan a sus profesores?
-Creo que está fallando la sociedad. No achacaría de manera intencionada que la violencia es escolar. La violencia es un problema de nuestras sociedades, por un lado democráticas, pero por otro excesivamente permisivas, donde no se han encontrado elementos comunes para establecer claves de una convivencia permanente y duradera. Los centros educativos, pese a su complejidad, normas reguladoras y diferencia de edades, son islas de convivencia y, precisamente por eso, son un espejo donde todos los males y bondades de las sociedades se reflejan en ellos.
-Pues casos como el del asesinato de una niña en Ripollet por parte de dos compañeros ponen los pelos de punta.
-No deberíamos de focalizar sólo la violencia, sería como un punto negro en un folio blanco. Vamos a ver sólo ese punto y considerar que no hay otras relaciones posibles o más enriquecedoras para el ser humano que eso. Sería bueno hacer más visibles los espacios de buenas relaciones y convivencia, que sí los hay.