La ACB estudiará hoy si toma cartas en el asunto por los incidentes ocurridos en el Buesa Arena al final del triunfo sobre el Real Madrid. Sin embargo, dado que en el acta oficial no se refleja ninguno de los episodios violentos, parece poco probable que se decida a decretar algún castigo o sanción. Y lo mismo sucede con la Ertzaintza, que pese a recoger en su atestado la lesión de uno de sus agentes así como el lanzamiento de piedras contra el autobús de los blancos, tampoco parece factible que profundice en este asunto.
En cambio, la organización de la Liga, según pudo constatar ayer este periódico, sí está «preocupada» por el cariz de los acontecimientos. Temen que esa aparición de violencia pueda repetirse en futuros duelos entre baskonistas y 'merengues'. Y más teniendo en cuenta que ambos se verán las caras más veces esta campaña.
Además, los responsables de arbitraje de la ACB, Valentí Junyent y Mateo Ramos, estaban en el coliseo de Zurbano y presenciaron los hechos de primera mano.
Éstos nacieron en el túnel de vestuarios una vez que el árbitro principal, Juan Carlos Arteaga, ya había firmado el acta del 91-81. Durante unos pocos minutos, el pasadizo de plástico y la zona mixta del Buesa Arena se convirtieron en un improvisado ring con jugadores, familiares, amigos, responsables de ambos clubes y la Ertzaintza metidos en el ajo.
Unos intentanron apaciguar los ánimos y otros encresparlos. Fuentes policiales constataron a EL CORREO que «hubo intercambio de puñetazos entre varios jugadores». Siempre según la versión de la Policía autónoma, «a la pelea fueron sumándose otros personas. Varias con intención de separar, pero alguno para encender aún más los ánimos».
Magulladuras
Poco a poco, la calma reapareció y los equipos se encerraron en sus respectivos vestuarios. Alguno de ellos con magulladuras varias. También salieron malparados, según la Ertzaintza, «un par de familiares» de jugadores baskonistas «que se metieron en la pelea». Un agente precisó de atención médica.
Mientras una tensa paz se instalaba en las entrañas del Buesa Arena, los incidentes se trasladaban a los exteriores. El autobús del Real Madrid recibió «varias pedradas». Según el club blanco, «la entrada del autocar estaba orientada hacia la valla exterior y desde allí nos lanzaron algunas piedras».
Esto obligó al conductor a cambiar de emplazamiento, lo que permitió un «acceso seguro» de los miembros del Real Madrid que quedaban por abandonar el pabellón azulgrana. Con todos dentro, inició el regreso a la capital sin ninguna incidencia reseñable.