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Más deporte

LA POLE

03.11.08 -

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Lewis Hamilton pulveriza récords, en precocidad y en emoción. Tratándose de Interlagos cabía esperar un epílogo sublime para una temporada apasionante, aunque ni el más afamado guionista habría firmado el libreto de suspense que nos reservaba la pista brasileña.
Hamilton, el héroe, el nuevo campeón, figuraba en todas las quinielas como firme candidato al título y abanderado del espectáculo. Cierto es que los primeros compases del campeonato tuvieron luces y sombras para el inglés, incapaz de afinar un monoplaza nervioso lastrado por su propia fogosidad.
Después de catorce meses en la cresta de la ola, Lewis perdía el liderato del Mundial y parecía frustrado con su coche, incapaz de extraerle su quintaesencia. Pero no tardaría el de McLaren en enderezar el rumbo por más que pareciera una fanfarronada su promesa de alcanzar el podio en las restantes carreras del almanaque.
Vaya si lo hizo, aunque alternando actuaciones sublimes con otras desconcertantes que, a la postre, han mantenido vivo el campeonato hasta la última prueba. Su conducción de tiralíneas en Mónaco se vería alterada por un pinchazo que provocó un cambio en su estrategia de carrera y posteriormente le devolvería a lo más alto del cajón, de donde tardaría en apearle el voluntarioso Massa, el antihéroe de la F-1.
Felipe es un tipo tímido, de trato afable y emotivo. Afirma agradecido que durante su periplo como probador de Ferrari aprendió más que en las decenas de Grandes Premios disputados hasta entonces, en los que se acuñó la cantinela que sistemáticamente le había perseguido aseverando que jamás mantenía dos veces la misma trazada. Sin duda la carrera deportiva del paulista se catapultó al compartir garaje con Schumacher. 'El Kaiser' se topó ante su más ferviente admirador y le correspondió formándole para afrontar los nuevos tiempos que se avecinaban en Maranello.
Massa ha madurado asumiendo el liderazgo ferrarista tras hacerse respetar con maniobras como la que le permitió adelantar al unísono a Barrichello y Kovalainen en Montreal o su espléndida arrancada en Budapest para rebasar a Hamilton, de quien más tarde se desharía sin contemplaciones en Japón, pero que ayer ante su público le dejaría con la miel de la gloria en los labios.
El laberinto de pasiones en que se convirtió Interlagos impidió despedir como merecía el último 'gentleman' del 'paddock'. David Coulthard se va sin hacer ruido, en su estilo, el mismo con el que tomó el volante del desaparecido Senna. El escocés deja atrás quince campañas, el subcampeonato de 2001 y la sonora peineta que un año antes dedicó a Schumacher en pleno G.P. de Francia.
Coulthard nos deja para formar una familia y disfrutar del Columbus, su precioso hotel de Mónaco , desde donde divisará la llegada del KERS, esa especie de pariente lejano del que casi nada se sabe y al que esperamos con impaciencia porque según dicen va a transformar la fisonomía de este deporte.
Para seguir dando guerra tendremos la próxima campaña a tres campeones en pista. Crucemos los dedos para que al menos todos ellos, además de Kubica, Massa y el insolente Vettel, dispongan de un monoplaza competitivo . Habrá llegado el momento de retomar el disfrute de este enorme espectáculo.
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