Si las asambleas de la BBK y la Kutxa ratifican en las próximas semanas el proyecto de fusión que ya han aprobado los respectivos consejos de administración, Xabier de Irala será el nuevo presidente y primer ejecutivo de la Caja de Ahorros de Euskadi. Ése es el único y genérico compromiso que han pactado las dos entidades respecto a la persona encargada de pilotar un proceso de integración que, al margen de polémicas de corte político, se prevé «largo, duro y difícil». Existe también un compromiso respecto al 'número dos', el vicepresidente, que tendrá también carácter ejecutivo. El puesto será ocupado por el actual presidente de la Kutxa, Xabier Iturbe.
Quienes conocen a Irala saben que este correoso 'capitán' de empresa no se siente plenamente satisfecho con lo que ha hecho, sino que quiere más, mucho más. Sus deseos, según fuentes conocedoras del proceso, pasan por completar la integración y dirigir los primeros años de lanzamiento de la nueva caja, en los que se sentarán las bases de su modernización y, especialmente, de su expansión nacional e incluso internacional. En suma, aspira a patronear este barco hasta 2011. Ese año cumplirá 65 -la edad de referencia de toda jubilación- y finalizará su mandato como vocal de la asamblea de la entidad. «Como mínimo», se plantea seguir hasta 2010, matizan los mismos medios.
Concluir la misión
Dos o tres años es, a su juicio, un periodo adecuado para comenzar a planificar el cambio que deberá producirse entonces en la cúpula de la caja que controlará el 50% del mercado en Vizcaya y Guipúzcoa. Aunque el relevo aparentemente natural debería recaer en la persona de Xabier Iturbe, que ocupará la vicepresidencia hasta ese momento, ya hay algunos sectores -especialmente, en el PNV de Vizcaya- que apuntan la tesis de que «será necesario recurrir a una tercera persona».
Iturbe no es un advenedizo en el mundo de la banca, pero sus 46 años y la limitada experiencia acumulada en el ámbito financiero -apenas unos años como analista del Citibank y comercial en el HSBC- le colocan en la escala de los «excesivamente jóvenes» para conducir una caja como la que se va a crear, señala un experto del sector. «Los presidentes de las grandes entidades -añade- siempre suelen ser personas ya mayores y con una probada trayectoria profesional. Es algo que tiene mucho que ver con la necesidad de ofrecer al mercado una imagen de solvencia y seguridad».
Es una batalla que todavía no está sobre la mesa, pero el PNV vizcaíno anhela mantener un «altísimo» grado de control sobre el futuro de la Caja de Euskadi con el argumento de que el 60% de sus recursos y también de su negocio será aportado por este territorio. Aunque las entidades fundadoras -los ayuntamientos de San Sebastián y Bilbao y las diputaciones de Guipúzcoa y Vizcaya- tendrán una representación paritaria, el reparto de los vocales de la futura asamblea -está sin definir, pero tendrá entre 100 y 120 componentes- será esclarecedor y permitirá apreciar esa correlación territorial de fuerzas.
'Superdirector general'
Irala reunió el pasado jueves a medio centenar de directivos de la BBK para lanzarles varios mensajes. «Cuento con vosotros para esta fusión y aquí hay trabajo para todos», señaló en un intento de atajar la rumorología que invade desde hace semanas los pasillos de la caja vizcaína y de la Kutxa: el síndrome de las jubilaciones anticipadas de los altos cargos. «No os enteraréis de vuestro puesto definitivo hasta el último minuto», advirtió para intranquilidad de los presentes, a quienes los dedos se les hacen huéspedes escrutando el nuevo organigrama.
En ese encuentro estaba alguien que puede resultar clave en este proceso: Ignacio Sánchez-Asiaín, director general de la BBK desde el pasado mes de enero, ex director general del BBVA y a quien algunas fuentes adjudican ya la responsabilidad de dirigir las áreas de negocio de la Caja de Euskadi. El organigrama presentado esta semana a los consejos de administración contempla, precisamente, la figura de un 'superdirector general', que se hará cargo del día a día de la nueva entidad y controlará la maquinaria financiera y la red comercial.
Hay una curiosa circunstancia. El padre de Ignacio Sánchez-Asiaín -José Ángel, quien fuera presidente del Banco de Bilbao y más tarde del BBV- está considerado como el precursor de las fusiones en España. Y no sólo por la unión que dio origen al Bilbao Vizcaya, sino por la fracasada OPA que se atrevió a presentar en 1987 -cuando prácticamente nadie había oído hablar de semejante fórmula de 'combate mercantil'- para intentar hacerse con el control de aquel Banesto que encumbró a Mario Conde.
Pero Ignacio Sánchez-Asiaín tiene limitaciones; y no precisamente técnicas, sino políticas. Considerado como un «banquero de experiencia», riguroso, con poca iniciativa comercial pero una gran habilidad para organizar equipos y estructuras, discreto y comedido, no goza de la «confianza política» del PNV que, hoy por hoy, es quien controla los resortes de la BBK -copa su consejo de administración-, de la Kutxa y de los primeros compases de la futura Caja de Ahorros de Euskadi. «Sánchez-Asiaín -coinciden en señalar fuentes nacionalistas consultadas por este periódico- puede ser un magnífico director general, pero difícilmente llegará a presidir la caja si el PNV mantiene su influencia actual».
«El proceso de fusión está en barbecho», asegura un alto cargo de una de estas dos entidades, para reconocer que hasta ahora apenas si hay cuestiones definidas, salvo la identidad de los máximos responsables -Irala e Iturbe- y la ubicación de la sede central -Bilbao- y de la obra social -San Sebastián-, entre otros asuntos. «Está el campo ahí, hay que ararlo y se sabe que tendremos la maquinaria. Quiénes lo harán, cuándo y cómo es todavía un misterio», concluye.
Sin embargo, algunas fuentes próximas a la operación ya barajan algunos modelos de gestión de la caja en el corto y medio plazo, construidos a partir del análisis de experiencias similares que se han producido en España. Algunas, por cierto, muy cerca de la sede de la BBK, en una torre muy alta y en plena Gran Vía bilbaína. Así -apuntan-, «lo lógico es nombrar un equipo directivo de aterrizaje, encargado de conducir un periodo que puede durar entre seis meses y un año. Ése es el plazo mínimo necesario para construir de verdad la nueva caja y en el que, inevitablemente, se vivirán disputas entre las dos organizaciones y pugnas para conservar o escalar en el organigrama. Es lo que se conoce como 'el choque de culturas' que acompaña a todas las fusiones».
Nuevo equipo
En ese mismo modelo -añaden-, «lo lógico sería hacer un equipo de cambio directivo al final de ese proceso, a finales de 2009». En ese plazo se remodelaría por completo la alta dirección -con la excepción de la presidencia, la vicepresidencia y la dirección general- para formar el equipo real del futuro. «Ese cambio -señalan- no será del todo traumático, ya que en la primera línea de ambas entidades hay profesionales que están al borde o incluso han cruzado la barrera de los 60 años. Su salida, después de la 'batalla' de la integración, será algo natural».
La lista de asuntos pendientes de decisión es prolija y deberá ser abordada por una comisión, creada 'ad hoc' y en la que estarán presentes Irala e Iturbe. Ambos tendrán derecho de veto en las decisiones, lo que obligará a que se adopten por consenso. La plataforma informática, que en la actualidad está duplicada; el futuro de los 'brazos armados' de actuación en banca privada -Fineco en el caso de la BBK y Banco de Madrid en el de la Kutxa-; la hipotética existencia de algunas oficinas redundantes en la denominada 'red de expansión'; la imagen corporativa o el reparto físico de ubicaciones de cada departamento central son tan sólo algunas de las más importantes que van a tener que resolver en el corto plazo. Quizá por ello, Irala ha advertido a su gente que trabajo, lo que se dice trabajo, van a tener hasta hartarse.