La monumental gresca en el túnel de vestuarios una vez certificada el acta refleja fielmente lo que contuvo el brillante 91-81. Hubo más que un partido en un Buesa Arena vestido de cotillón. Emocionalmente, noviembre se convirtió en mayo. Tanto apasionamiento le pusieron ambos contendientes que obsequiaron una tarde sabatina donde no sobró una coma. Eso sí, en lo estrictamente deportivo, el ritmo impuesto por nuestro TAU Cerámica se comió al archienemigo blanco, que no gana para sustos últimamente. ¿Cuánto hacía de la última vez que encadenó tres derrotas seguidas?
El firme convencimiento azulgrana, el mismo que le posibilitó esprintar durante los cuarenta minutos oficiales, le aupó en esta ocasión hacia un triunfo de prestigio. Y en una noche con muchísimos nombres propios. En medio; jaleos cada dos por tres, la seguridad defensiva que aporta Splitter, el renacer ofensivo de Rakocevic o la sangre fría de Teletovic, quien por segundo compromiso consecutivo volvió a definir.
Ese ritmo constante del Baskonia abrasó al Madrid, a quien Reyes no le basta para taponar su gravísimo boquete en la dirección o el retraso en su aprendizaje de sus dos estudiantes yanquis. Eso por no hablar de Papadopoulos, camino de erigirse en el mayor fiasco de los últimos años. Dos millones anuales dicen que percibe.
Cambio de criterio
Vestido con sus mejores galas, reluciente, conectado y con gesto de piedra en sus dominios, el conjunto vitoriano se sobrepuso a todo. Incluso al inesperado cambio del criterio arbitral, que pasó del todo vale en el primer periodo a castigar hasta un estornudo. ¿Quieren pruebas? Seis faltas en los diez primeros minutos. Nueve en los siguientes tres. El TAU perdió en esa variación a McDonald, pero ganó en fortaleza mental.
Lo exigía la cita, puesto que el adversario blanco, pese a andar todavía muy lejos de lo que se le presupone, se las hizo pasar canutas hasta la traca del tercer periodo. Joan Plaza -¿aguantará toda la campaña?- intentó secuestrar el compás y el cartabón de Prigioni. Sus atléticos jugadores -músculo sin talento no sirve de nada- convirtieron cada rebote ofensivo en un premio gordo. Pero como el Baskonia también apretó lo suyo en defensa, cada canasta costó tanto como pagar la hipoteca.
En ese clima bélico, coser dos aciertos, ya fueran adelante o atrás, provocaba una hemorragia enfrente. Y más cuando, tras el intermedio, el quinteto local se enchufó definitivamente a la corriente. Sucedió en el momento más alocado de la tarde, con ambos equipos ahogando cualquier traza de rigor en un festival triplista.
Esa onda expansiva dejó sordo al Madrid, mientras que el inquilino del Buesa Arena -en una de esas demostraciones de raza que ya ha dejado patente este curso- aprovechó para subir una marcha más. Obligó a un nuevo sobreesfuerzo al rival multiplicándose en defensa, saliendo como una centella en la transición y encomendándose a un Rakocevic en estado de ebullición.
La paridad anterior saltaba por los aires. El Madrid, boqueante, no sabía donde meterse. El ciclón alcanzó los diecinueve puntos. 72-53 a falta de 8.24. El Buesa bailaba. Plaza se mesaba su cuidada barba. Recordó ahí el visionado del Olimpia-TAU. Recurrió a una zona. El de siempre, Felipe, y Bullock le echaron una mano. La renta menguó hasta los siete puntos. ¿Síndrome de Liubliana?
A pedradas
No. Hubo el enésimo conato de follón. Hervelle salió con una ceja convertida en manantial por un golpe involuntario de Teletovic. Pero el '9' merengue no lo entendió así y le buscó la boca al bosnio. Sólo logró enchufarlo más. Un triple suyo aportó la tranquilidad demandada.
La posterior presión visitante, de lo más desesperada, retrasó lo inevitable. Rakocevic y Prigioni sentenciaron desde los 4,60 metros, poniendo la guinda a una victoria de las que saben a gloria, aunque contabilice igual que un resultado positivo sobre el colista. Luego, con todo decidido, el compromiso deportivo degeneró en reyerta barriobajera, con pedradas incluidas al autobús del Real Madrid. Feísimo epílogo para una tarde de gloria.