Del baloncesto al pugilato. Fue sonar la bocina del final del encuentro y cambiar de disciplina deportiva. Cerrado el choque, saludos los justos; los de cortesía entre los dos entrenadores y poco más. El triunfo baskonista lucía en el marcador y el 91-81 debió ser la rúbrica final a una nueva entrega de un clásico apasionante. Pero la tensión no se apagó ahí. Alguien hubo de echar un borrón. El túnel retráctil que lleva al vestuario se movía con una violencia inusitada. La lona escondía un ajuste de cuentas que tuvo como protagonistas a varios jugadores de ambos equipos. Según fuentes policiales, los implicados se emplearon con «una violencia notable».
Varios miembros de los cuerpos técnicos de ambos equipos separaron a los protagonistas ayudados por varios agentes de la Ertzaintza. No fue fácil templar los ánimos. De hecho, los miembros de la Policía autónoma se las vieron y se las desearon para intentar poner paz e incluso se llevaron alguna que otra 'caricia' en el intento. Hasta el presidente del TAU, Josean Querejeta, se personó en la zona mixta que sirve de vestíbulo a los vestuarios del Buesa Arena para tratar de poner orden.
Nadie salió magullado de gravedad de la fea prórroga que se jugó en el túnel de vestuarios. Tan sólo Axel Hervelle, con una brecha en la ceja izquierda parecía un hombre recién salido de una pelea callejera. Sin embargo, la sangre que aún manaba de la herida fue producto de una lance baloncestístico fortuito durante el partido. Fue eso, al parecer, lo que prendió el incendio posterior.
Golpe en la ceja
A falta de un minuto y 44 segundos para el final del encuentro, Teletovic propinó un golpe involuntario al ala-pívot belga. La acción fue el preludio de una tangana entre jugadores de los dos equipos que terminó con una falta técnica a Felipe Reyes por su insistencia en las protestas hacia el trío arbitral. Con el encuentro casi resuelto (83-72) se suponía que la distensión debía abrirse paso. Por contra, las miradas entre los protagonistas mataban, eran poco menos que el augurio de lo que poco después se iba a desencadenar. Hasta entonces, el encuentro había seguido las líneas habituales de los clásicos entre el Baskonia y el Real Madrid; una pelea sin cuartel, pero siempre dentro de los límites de lo baloncestístico.
La pelea final fue un triste epílogo que además tuvo su continuidad en la grada, donde se registró un conato de pelea entre varios aficionados azulgranas y seguidores del Real Madrid que se habían trasladado hasta Vitoria para presenciar el encuentro en directo. En un incómodo clima de tensión, el autobús del equipo 'merengue' recibió el impacto de varios objetos antes de abandonar Zurbano escoltado por la Ertzaintza.