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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

01.11.08 -

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L a afición de los que venden por animar a los que compran se basa por lo visto en la propaganda anticipada, un sistema que a mí me sabe a rejalgar. (El rejalgar es un mineral formado por la combinación venenosa de arsénico y azufre. Pues eso, sigamos).
Uno de estos métodos de anticipación, que vienen a ser como una patada que nos dan en el culo para hacernos vivir más deprisa todavía, es el que pone en práctica todos los años el señor administrador general de Loterías ofreciéndonos en pleno y estrenado verano el gordo de Navidad. Como diria un amigo mío que es de Tudela, ¡toma canela, Manuela!
Ahora estamos viviendo la otra gran campaña de anticipación, otra sonora patada que nos dan en el culo para que pisemos el acelerador vital. ¡Más rápido! ¡Más aprisa, coño! Y lo malo de esta patada es que afecta directa y masivamente a nuestros bolsillos, que no están los pobres para muchos envites precisamente.
A primeros del mes de octubre ya se habían empezado a colocar las iluminaciones navideñas, que si en la Navidad sirven para animar al paisanaje, recordadas en pleno otoño son otra patada más que recibe nuestro trasero. Otro desconsiderado empujón. Otra invitación a correr. Otro alevoso ataque a la tranquilidad.
Hace unos días cogí en la puerta de una tienda de juguetes un grueso folleto que sin duda se ha editado pensando en la campaña de Reyes. En la portada ya se advierte de que hay muchos descuentos y dinerito de regalo para estas navidades.
He ojeado el folleto, que tiene 63 páginas a todo color, y me he quedado de piedra. 63 páginas de juguetes, a razón de cinco por página, son más de trescientos juguetes. ¿Quién es capaz de elegir uno entre 315 juguetes? ¿Se imaginan, por ejemplo, al cliente de un restaurante seleccionando el menú en una carta de trescientos platos?
La flota de bombarderos navideños se acerca ya dispuesta a lanzarse sobre el vergel de nuestros bolsillos como una nube de langostas. Que Dios nos coja confesados.
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