Efectivos de la Brigada de Información de la Policía detuvieron ayer a un vecino de Bilbao propietario del teléfono móvil con el que ETA intentó alertar el jueves de la colocación del coche-bomba que estalló en el campus de la Universidad de Navarra. Según informaron fuentes de la lucha antiterrorista, el arrestado, J. M. M. G., compró en febrero en un comercio de la capital vizcaína el aparato y la tarjeta SIM de prepago usada para realizar la fallida llamada de aviso. Dependientes de la tienda de telefonía que vendió ese móvil confirmaron a los investigadores que fue él en persona quien adquirió la tarjeta.
J. M. M. G. fue interrogado el jueves, horas después de la explosión, por la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Ertzaintza. Entonces aseguró a los agentes que no tenía nada que ver con el teléfono usado para la reivindicación, que él no lo había comprado y que desconocía si alguien había usado su identidad para adquirir la tarjeta. Y aseguró que denunció la pérdida o sustracción de su DNI días después.
Ante su falta de colaboración, los servicios de Información decidieron ayer proceder a su arresto para someterle a un interrogatorio más exhaustivo. Llegar hasta la tienda de Vizcaya donde se vendió la tarjeta de prepago no fue fácil, ya que la partida a la que pertenecía ésta fue vendida originalmente en Andalucía y pasó por algún comercio de Zaragoza antes de llegar al establecimiento bilbaíno.
Los funcionarios, tras el arresto, llevaron de inmediato a J.M.M.G, en régimen de incomunicación, a la Comisaría de Indautxu, en la capital vizcaína, porque el sospechoso, tras ser identificado por los dependientes, rechazó facilitar más datos sobre la supuesta pérdida de su documentación y se negó a colaborar con la investigación. Los agentes decidieron trasladar al detenido a última hora de la tarde a la sede de la Comisaría General de Información en el centro policial de Canillas, en Madrid.
Mandos de la investigación aclararon que J. M. M. G. no participó en el atentado que causó una treintena de heridos en la Universidad de Navarra, pero mantienen abiertas todas las hipótesis: que comprara por encargo la tarjeta a sabiendas de que era para ETA, de forma voluntaria o mediando un pago, o que adquiera el móvil sin saber cuál iba a ser su uso final.
El teléfono que compró este individuo, que no tiene antecedentes penales, fue usado por el etarra que el jueves a las 9:53 horas llamó a la DYA de Vitoria para alertar de que un Peugeot 307 de color blanco iba a explotar en el plazo de una hora el «campus de la universidad», sin especificar de qué ciudad se trataba. La llamada se realizó en un punto cercano a la localidad navarra de Etxarri Aranatz, casi en el límite con Guipúzcoa.
«De mala calidad»
Mientras tanto, expertos policiales examinaron ayer las grabaciones de las cámaras de seguridad de la Universidad de Pamplona, aunque sin demasiado éxito. Los árboles de los jardines de la zona impiden ver con claridad la zona donde se abandonó el coche-bomba. No obstante, las imágenes revelan que fue un único terrorista el que entró en el aparcamiento. El vicerrector del centro docente, Alfonso Sánchez Tabernero, confirmó que las cámaras grabaron la colocación del automóvil, pero que las imágenes «son de muy mala calidad».
Por su parte, este viernes el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, explicó que su departamento «no tiene dudas» de que la banda terrorista mantiene en «activo» varias «células» capaces de cometer atentados como el del pasado jueves.