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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

ANÁLISIS

01.11.08 -

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L a noticia proporcionada ayer por el Banco de España resulta muy desagradable pero, en absoluto, es inesperada. Según afirma el Instituto emisor, la economía española se ha contraído en el tercer trimestre un 0,2% y todo nos lleva a suponer que las cosas serán aún algo peor en el cuarto y último del año. Es decir, podemos estar ya rebozados en la espesa masa de la recesión, aunque el anuncio oficial del nuevo escenario nos llegará a principios del próximo ejercicio. Con la construcción empantanada, el consumo alicaído, la inversión atascada y la exportación sumida en enormes dificultades, nadie podía esperar que las estadísticas fuesen a reflejar una evolución diferente. Al final, se han cumplido los peores augurios y lo que empezó siendo una 'suave desaceleración' ha terminado adoptando la forma de una severa recesión.
Si el reflejo de la situación actual preocupa, la previsión sobre el futuro inmediato asusta. Es cierto que han empezado a asomar algunos datos que aportan algo de esperanza, pero son pocos y, todavía, débiles. Las ingentes ayudas prestadas al sistema financiero han permitido aflojar el tornillo que atenazaba al euríbor y los tipos de interés oficiales van a bajar más y pronto, lo que aliviará tensiones en el sistema y alegrará el bolsillo de las familias. Entre la demanda anémica y el desplome de la energía y de muchas materias primas, la inflación ha empezado a mostrar valores más razonables que auguran una política monetaria laxa. ¿Entonces, qué nos falta para auparnos sobre el desaliento que nos paraliza? Sin duda alguna, necesitamos recuperar la confianza perdida y reanimar la actividad olvidada, ya sea la propia interna como la ajena externa. Para ello necesitamos más noticias positivas, de lo 'macro' -ahí quedamos a la espera de la reunión del G20-, y, sobre todo, de lo 'micro'.
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