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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

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Yo creí que en el otoño me iba a ver libre al fin de los aficionados a exhibir sus piernas peludas, pero no fue así, porque el tiempo bonancible que disfrutamos en buena parte del mes de octubre animó de nuevo a estos partidarios del pantalón corto.
El hecho de que circulen por la calle con ese atuendo, a mí no me afecta, porque pasan de largo y no me obligan a una detenida contemplación. Lo malo era cuando se sentaban frente a mí en el metro y una de dos; o tenía que soportar la contemplación de sus peludas pantorrillas o tenía que cambiar de asiento (En estos casos suelo optar siempre por la segunda opción, y aquí paz y después gloria).
Quiero hacer constar que admito su derecho a llevar pantalón corto. Si ellos están contentos exhibiendo las pantorrillas con su correspondiente pelambre, allá cada cual. Pero yo también tengo mi derecho a no contemplar el citado espectáculo, y lo único que hago es cambiar de sitio y cada cual con su cada cuala.
Lo malo de esta práctica es que la exhibición no se limita sólo al metro, como es lógico, y los exhibidores de la pelambre pantorrillera no tienen el menor inconveniente en acudir a la consulta del médico con el mismo modelo de pantalón que usan para ir de playa y entonces el problema resulta para mí de difícil solución.
En el metro la cosa es sencilla, porque hay muchos asientos, pero me he encontrado ya dos veces con este problema en dos consultas diferentes, en la del oftalmólogo y en la del dentista, y no me ha quedado más remedio que aguantar la exhibición, porque los médicos, de momento, no disponen de salas de espera exclusivas para aficionados al calzón corto. O para maniáticos como yo, que no gustan de contemplar pantorrillas peludas.
En estos casos, lo que hago es utilizar como telón discreto una revista de esas del chisme y entretenerme viendo todas las chorradas de los famosos, las famosas, los famosillos y los famosetes y esperar a que me llamen a mí o le llamen al de las piernas peludas y problema resuelto.
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