El primer paso en el proceso de fusión de la BBK y la Kutxa ya está dado. Los consejos de administración de ambas entidades aprobaron ayer la operación e iniciar los trámites oportunos para que el 1 de enero nazca la denominada Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Euskadi / Euskadiko Aurrezki Kutxa eta Bahitetxea. Este acuerdo deberá ser ratificado por las respectivas asambleas en una fecha aún por determinar -finales de noviembre o principios de diciembre-, cuando estén formalizadas las autorizaciones del Banco de España, el Ministerio de Economía y el Gobierno vasco. Por el momento, el proyecto tiene un 'talón de aquiles' que los responsables de las dos instituciones quieren solventar en las próximas semanas. Garantizado ya el apoyo de los vocales de PNV, CC OO, Ezker Batua, Aralar y la candidatura de trabajadores Pixkanaka, aún necesitan un voto adicional para garantizar que la unión recibirá la 'luz verde' del máximo órgano de la Kutxa. La correlación de fuerzas en la BBK asegura que ese trámite se saldará con éxito.
Si fructifica esta iniciativa, a comienzos del próximo año nacerá la sexta caja española por volumen de activos totales -49,934 millones de euros-, la tercera en el ránking de beneficios anuales -523 millones- y la décima por el número de sucursales, gracias a las 753 oficinas comerciales con las que los dos socios cuentan en la actualidad. La nueva entidad ocupará, además, un puesto destacado en el sector por su alto grado de capitalización. La Caja de Euskadi, con 7.434 millones de fondos propios, retendrá así el liderazgo que ya tiene en estos momentos la BBK por patrimonio neto.
Abierta a la Vital
Los responsables de ambas instituciones han dejado la puerta abierta a una futura integración de la Vital alavesa, si esta entidad lo desea. De momento se niega a ello. Una fusión a tres bandas permitiría resucitar el proyecto original que los presidentes de las cajas vascas perfilaron en 2005 y que no cuajó en dos intentos por las diferencias entre los partidos políticos.
La BBK y la Kutxa han planteado este proceso como una operación natural, en un mercado como el financiero en el que el tamaño de las organizaciones es cada vez más importante para combatir el estrechamiento de los márgenes -la diferencia entre los intereses de los créditos y el de los depósitos se ha reducido de forma ostensible en los últimos años-, y para afrontar con mayores garantías la inevitable expansión geográfica. El principal inspirador de la fusión, Xabier de Irala, siempre ha puesto como ejemplo la política de otras entidades españolas que, gracias a su tamaño y potencia financiera, se han acercado al País Vasco con prácticas comerciales muy agresivas, a la caza de una parte de este mercado.
Frente a quienes sostienen que detrás de la creación de la Caja de Euskadi tan sólo se esconde una motivación política, el informe aprobado ayer por los consejos de administración pone el acento, exclusivamente, en cuestiones económicas. Entre ellas, la incapacidad que tienen las actuales BBK y Kutxa para mantener el ritmo que exigen algunas de sus inversiones -es el caso de la participación estratégica de la entidad vizcaína en Iberdrola- o atender las demandas de algunos de sus principales clientes. Las exigencias del Banco de España limitan los riesgos que pueden adoptar las cajas en relación al tamaño de sus activos.
El acuerdo contempla un reparto de sedes que, en la práctica, reconoce el liderazgo que ejerce la BBK en Euskadi, pero que permite también mantener un equilibrio territorial y 'repartir el juego' entre Bilbao y San Sebastián. Así, la sede social, el cuartel general financiero y comercial de la nueva caja se situará en la capital vizcaína, mientras que la guipuzcoana albergará al equipo directivo de la obra social. Un apartado al que las dos entidades han querido dar un protagonismo especial, hasta el punto de comprometerse a destinar a este fin, al menos, el 30% de sus beneficios netos, tres puntos más que en la actualidad.
Garantías de inversión
Además, el pacto en el que se sustenta la operación ofrece garantías de que ninguno de los dos territorios saldrá perdiendo con la creación de la caja unificada. Así, se ha tomado como referencia el volumen de activos que cada una aporta a la fusión para establecer una especie de «porcentajes de referencia»: el 60% para Vizcaya y el 40% para Guipúzcoa. Esas dos cifras servirán para guiar el reparto del gasto en la obra social, el riesgo que se asuma en tomas de participación empresariales, etc.
Los directivos de ambas entidades han estimado que la integración generará sinergias y ahorros estimados en unos 75 millones de euros anuales como consecuencia de la unificación de muchos servicios y de la eliminación de duplicidades. Son conscientes, sin embargo, de que esa ventaja no se materializará a corto plazo y de que incluso en los primeros momentos habrá que realizar inversiones y gastos extraordinarios para conseguir la integración infromática y de la plantilla.