La televisión ya casi estaba desconectando en busca de otros divertimentos y el germen de la desesperación acechaba la silueta del TAU. La montaña rusa en que degeneró el Olimpia-TAU hizo sentirse ganadores a los 5.100 espectadores y a su equipo cuando al electrónico apenas le restaban 24 segundos. Sin embargo, en ese tramo de infarto, el Baskonia recuperó el resuello. Eliminó cualquier vaho de su limpiaparabrisas y, después de que Teletovic errara un triple, él mismo fundió las esperanzas locales con una perfecta penetración tras el pase de Splitter. Todo un titular en el caso del bosnio, a quien pisar la zona le da poco menos que repelús.
Ese explosivo desenlace fue posible gracias a que sobre la reconvertible pista de hielo eslovena salió a relucir todo lo que se echó de menos el pasado domingo en la plaza de toros de Illumbe. Podrá ganar, sufrir o incluso sucumbir este TAU Cerámica aún con los andamios a la vista, pero siempre se le demandará deseo y vergüenza torera. Ayer se las llevó consigo a una cancha de cocción rápida. Esa determinación le libró de cualquier quemadura durante la espumosa obertura de los 'dragones verdes' y casi dos horas más tarde, cuando estos soñaron con que su número seguía girando en el bombo de la victoria. Fue un triunfo complicado, o que se complicó más de lo debido, pero al final se sumó.
Sintetizado en cuatro palabras; sonó la alarma de rotura en el primer cuarto, aplicó el Baskonia su supremacía en el siguiente, casi redujo a escombros las esperanzas eslovenas con una explosión de fuegos artificiales en la reanudación e intercambió más tarde sus papeles con la amabilidad de un diplomático. Menos mal que su sangre fría le permitió recetar aceite de ricino al Olimpia en los momentos decisivos, ésos en los que se calibran los equipos teóricamente ganadores.
El último cuarto
Aunque, por encima del peligrosísimo desplome en el último tramo (parcial de 24-15 en esos diez minutos finales), el conjunto alavés salió del Tivoli con mucho mejor cara de la que entró. En especial, porque incorporó unos cuantos nuevos braceros a su maquinaria en una jornada en la que granizó de lo lindo.
En mayor o menor medida, todos hicieron coros. Casi cada uno de los efectivos con minutos oficiales dio sensación de peligro y de consistencia defensiva. Sí, incluso Shakur, quien no sólo acertó en las decisiones personales sino que hasta hizo mejores a sus compañeros, condición indispensable en cualquier aspirante a buen base. Por cierto, metió una canasta más propia de un artista -penetración, rectificado en el aire y dejada del balón con efecto- y firmó otro par de acciones vitales cuando el Olimpia rondaba la línea de flotación azulgrana.
La apretura del resultado definitivo podría llevar a engaño porque, probablemente, el próximo 14 de enero, fecha de caducidad de esta primera fase europea, la distancia que separará a TAU Cerámica y Olimpia mostrará unas proporciones siderales. Pero con la Euroliga todavía en sus episodios piloto, la firme ilusión de los 'dragones verdes' puso en aprietos a un equipo habituado a codearse entre los mejores del continente tanto en la salida como en los metros definitivos.
Pero durante esas fases de incertidumbre, los bisoños eslovenos, la escuadra obligada a mutar de piel cada verano, se las hicieron pasar canutas. Alentados por su ruidoso público, agrietaron la autoestima azulgrana con una venenosa mezcla de intensidad y deseo en una noche en la que fueron 21 puntos abajo (49-70 y 51-72, minuto 27).
De infarto
Estaba claro que si los pupilos de Ivanovic pretendían extraer algo rentable de este desplazamiento debían adecuarse a esa predisposición. Lo olvidaron cuando la victoria parecía en el bolsillo, echando por tierra todo el despliegue anterior en el que un más que interesante nivel defensivo habilitó un sinfín de canastas fáciles.
Luego, cuando los granos de arena del reloj empezaban a escasear, la defensa de ajustes local y las manos de Milic y Begic levantaron a los locales. Sobrevoló la decepción con un triple de Wallace a falta de 24 segundos (90-89) y el Tivoli se sintió el rey del día. Sin embargo, en baloncesto vale hasta la última décima. Topicazo, sí, pero qué bien supo ayer.