El desapacible día de ayer invitaba a todo el mundo a quedarse en casa, menos a ellos. Haga frío, llueva o nieve, siempre prefieren estar en la calle. «Vemos vida, allí estamos entre cuatro muros y todo es monótono», explica 'Malaguita', uno de los ocho presos, entre ellos dos mujeres, de la cárcel alavesa de Nanclares de la Oca que salieron de prisión unas horas para visitar la exposición de sus obras de cerámica en la Escuela de Arte y Diseño de Zaramaga, en Vitoria. Los internos, que nunca antes habían modelado barro, explicaron que el arte les ayuda a evadirse. Las piezas parecían sacadas de una auténtica galería.
PEDRO
5 años por drogas
Uno de los más prolíficos, Pedro, de 64 años, que viste chaqueta y jersey Lacoste, lleva cumplidos dos años y tres meses de condena, «por drogas, me tuve que hacer cargo de algo que no había hecho para salvar a mis hijos», alega. Vitoriano y maestro industrial de mecánica de profesión, se ha especializado en «dragones y jarrones» de barro esmaltado que luego mete en el horno. La cerámica le ayuda a «tener una cosa en qué pensar. Empiezas a hacer una pieza y tiene un fin, te obliga a terminarla». De «buen carácter», según sus compañeros, Pedro explica una de sus esculturas -una especie de monstruo verde- que, según él, representa a una «bestia salvaje». Es la tercera vez que realiza una salidas terapéutica, las dos anteriores fue «con el cura» de la prisión.
'MALAGUITA'
Atraco a un 'súper'
Juan Antonio, alias 'Malaguita', parece el más 'salao'. «Se hinchan de reír conmigo. Yo, la verdad, no me considero simpático, sino más bien un poco 'zozo'», sonríe. Tiene 26 años y se ha criado en reformatorios. No conoce a su hijo de 7 años, «salvo por fotos», porque la madre estaba embarazada cuando él fue encarcelado. Cuando salga, quiere darle a ese niño «todo el amor y el cariño que no he podido, y formar una familia».
El joven conoció en la cárcel a una bilbaína con la que se casó. La chica salió recientemente «con una pulsera telemática». Desde entonces, se pasan el día al teléfono «como adolescentes», compara. «Dicen que las relaciones a distancia fortalecen a la pareja, ¿no?».
'Malaguita' tiene aún una larga condena que cumplir por un atraco a un supermercado. «Estoy profundamente arrepentido, no hay día que no lo piense», se sincera. Ahora, «trato de sacar lo mejor de mí y hacerme un hombre de provecho». Gracias al 100.2, que no es una emisora sino una normativa penitenciaria, sale a diario a estudiar soldadura y calderería. El paso por la cárcel le hace valorar más «un paseo por el parque y a la familia». Durante siete años no pisó la calle, y la primera vez que lo hizo, «no sabía si salir corriendo o besar el suelo como el Papa».
SANTIAGO GONZÁLEZ
Monitor artesano
Alumno de la escuela que acoge la muestra, Santiago González ejerce de monitor de escayola pintada de los presos desde hace ocho meses, «un curso y medio». Confiesa que se ha llevado «una sorpresa» con la habilidad de algunos internos, aunque en realidad, el objetivo pasa por «aprender a convivir, a trabajar, a respetarnos, y hasta cultura general». Algunos reclusos aprendieron a leer y escribir en la cárcel.
Santiago les inculca que «hay otros ámbitos, que no sólo está la delincuencia o ser yonqui, que el mundo es rico». Habla bien de todos los presos, por ejemplo de Jose, un gitano de Zaragoza de pocas palabras condenado hasta 2013, «por robar». Está en el modulo 1, el más duro porque acoge las penas más largas. «Dibuja muy bien, tiene un don natural, aprendió él mismo». De larga melena que cubre con un gorro de lana, Jose (33 años) pinta azulejos con tizas que podrían usarse para decorar una vivienda moderna. Tras pasar «toda la vida en el maco», espera poder salir pronto «para ver a la familia».
También alaba al 'Baby', un joven pirómano de Barakaldo, que sembró la alarma durante un tiempo en su barrio quemando coches. Dos de sus jarrones están expuestos en la sala, aunque él no puede salir de prisión porque es «preventivo». Según Santiago, el joven es un «perfeccionista y un currela, las cosas que hace las quiere hacer bien».
MIGUEL
Homicidio
Miguel tiene 60 años, seis hijos y tres nietos. A un niño pudo darle un achuchón ayer; se lo llevaron a la Escuela donde exponía sus cerámicas. Condenado por matar a su ex yerno porque «estaba borracho, si no no valgo», el hombre llena sus horas «con actividades: barro el patio, voy a Alcohólicos Anónimos...» Y crea preciosos cuadros de escayola con cara de payaso.
«Me ayuda a no pensar», confiesa. «Nunca he tenido ningún problema con nadie y no he fallado ni un día». En la cárcel, «todos los amigos que tenía» se esfumaron. Ahora, se aferra a su familia. «Van a verme todos», se enorgullece.