La comisión parlamentaria que investiga el escándalo por la desaparición de fondos en la Fundación Balenciaga y por el proyecto de museo dedicado al diseñador en Getaria consumió ayer una nueva jornada de comparecencias -la cuarta- con la sensación de que los principales actores han desfilado ya por la Cámara vasca y que el grupo de trabajo echará pronto el cierre. Los parlamentarios escucharon ayer al restaurador de la Fundación, Igor Uría, y al subdirector general de museos estatales del Ministerio de Cultura, Santiago Palomero. A pesar de las cinco horas de sesión, ambas comparecencias arrojaron escasas novedades respecto a lo escuchado ya por los representantes de los partidos en las citas anteriores que, como todas, se celebran a puerta cerrada.
Uría, restaurador de la Fundación Balenciaga y responsable del mantenimiento de la colección adquirida por el Gobierno vasco a los herederos del modisto en 1987 por 40 millones de pesetas, vino a ratificar la desaparición de parte del material, tal y como denunció en su momento por escrito y más tarde en su comparecencia ante la comisión parlamentaria la conservadora de la entidad, Miren Arzalluz.
Según el informe firmado por la conservadora, desaparecieron de los fondos de la colección 35 láminas con 139 dibujos y anotaciones manuscritas del modisto vasco, así como un par de guantes cortos de piel, un guante de tres cuartos de terciopelo y cinco pañuelos de la casa creada por Cristóbal Balenciaga. Como es sabido, en su escrito -remitido a la Fiscalía-, Arzalluz apuntaba que algunas de estas piezas fueron regaladas por el ex alcalde nacionalista de Getaria, Mariano Camio, a esposas de varios concejales del PNV de esta localidad y de Zarautz. Ante los parlamentarios, la conservadora ratificó que la desaparición de las piezas, pero puso en duda su destino. Camio sostuvo en la Cámara que los elementos que regaló a los concejales eran de su propiedad.
«No se le espera»
El restaurador Uría, cuyo trabajo se relaciona de forma directa con el que desempeña Arzalluz, vino a ratificar el resumen de hechos sostenido por Arzalluz, según las fuentes consultadas, aunque sin entrar tampoco a determinar con certeza el destino de las piezas que pertenecían a la colección.
Junto a Uría, los parlamentarios escucharon ayer al subdirector general de museos estatales del Ministerio de Cultura, Santiago Palomero, que dio un punto de vista técnico sobre los fondos relacionados con el genial modisto. Reivindicó su valor y aseguró a los parlamentarios que existe una colección de la suficiente importancia y de «relevancia internacional» como para dar por seguro el apoyo del Gobierno central en la elaboración del proyecto museográfico.
La comisión aún debe escuchar a varios comparecientes, aunque es interés del grupo de trabajo iniciar cuanto antes el debate sobre las conclusiones. A una de las piezas clave, el arquitecto Julián Argilagos, al que Camio encargó el proyecto arquitectónico -saldado después con un fuerte sobreprecio- «no se le espera», dijo ayer un miembro de la comisión, en alusión a que ha sido imposible de localizar. Al parecer, reside ahora en Florida (EE UU) y «no ha respondido a ningún burofax».