Las rampas mecánicas del Casco Viejo han sufrido el mayor ataque desde que entraron en funcionamiento a principios de 2007. Los radicales que protagonizaron las algaradas callejeras del sábado se ensañaron con los cristales de los andenes del cantón de la Soledad y, en menor medida, con los de las escaleras de San Francisco Javier. Los disturbios que siguieron a la concentración de falangistas y contramanifestantes de la izquierda abertzale en el centro de Vitoria se saldaron con 92 lunas rotas, 85 de ellas en la ladera este, vigilada por cámaras. Su reposición será «inmediata» y costará más de 65.000 euros a las arcas municipales, informó ayer el gerente de la Agencia de Renovación Urbana, Gonzalo Arroita.
A su juicio, este ataque perjudica «sobre todo a los vecinos» y lo han llevado a cabo quienes están en contra de la revitalización del Casco Viejo. «Está claro que las rampas son un símbolo de reactivación y quien quiere que esto sea un gueto va a tope en contra de ellas», sentenció.
Su malestar era ayer compartido por vecinos del barrio, turistas y ciudadanos de paso que observaban por la mañana el desolador panorama de ver rotos o agrietados decenas de cristales. Según testigos presenciales y portavoces municipales, el que sin duda es el mayor atentado contra estas escaleras fue protagonizado por un grupo de jóvenes radicales «encapuchados y vestidos de oscuro», que poco después de la una de la tarde trataron de impedir el acceso de los antidisturbios de la Ertzaintza a la 'almendra' medieval.
Armados con un pico
En ese tiempo se parapetaron en el cantón de la Soledad, al que accedieron desde la Zapatería o la Correría y lanzaron decenas de botellas, piedras y sillas de bares cercanos contra agentes y contra los andenes mecánicos. Las cámaras de vigilancia de la Policía Local grabaron las escenas en las que se observa «cómo un encapuchado golpea con un pico las lunas». En algunos tramos, como el que va de la Zapatería a la Correría, apenas quedan cristales intactos. Los agentes tratan de identificar a los autores.
Para Arroita, esta manera de organizar un ataque es propia de la «guerrilla urbana», algo que en su opinión es «imposible» evitar con los sensores instalados la pasada primavera. Tras los múltiples sabotajes, el Gabinete Lazcoz decidió reforzar la seguridad de los tapices rodantes y colocar dispositivos informáticos para dar la alarma ante un fallo o incidente puntual.
Ahora, el gerente de la Agencia de Renovación Urbana cree que se deben agilizar los trabajos para instalar «cuanto antes» la «imprescindible» comisaría provisional de la Policía Local en Fray Zacarías.
Mientras, su equipo se ha puesto en contacto con los cristaleros para arreglar de «inmediato» los destrozos. Algunas de las lunas estarán reparadas en breve, otras tardarán algunos días más. «Teníamos cristales en stock, pero se han ido acabando. Hemos encargado más», indicó Arroita. Cada vidrio repuesto constará cerca de 800 euros, entre el coste del cristal a medida y el de instalación. El Ayuntamiento garantiza que mientras duren los trabajos, las rampas funcionarán con normalidad, como hasta ahora.
«Destruyen su casa»
Arroita anunció su intención de seguir trabajando por la recuperación del Casco Viejo «sin ceder» a estas presiones. «No hay que desanimarse, sino reaccionar y al final, a fuerza de trabajo, lograr que sean ellos los que desistan».
Por su parte, residentes del barrio, como Pilar Marín, criticaron «que estemos así un fin de semana detrás de otro». Otros, como un profesor retirado, tildaron de «salvajada» este tipo de actos violentos protagonizados «por los de siempre». «¿Qué fuerza tiene que reivindiquen la paz y luego destruyan su propia casa?». Por su parte, un grupo de 23 turistas asturianos de Langreo se lamentaron de ver «un Casco Viejo tan bonito lleno de cristales rotos y pintadas».