Hay pocas cosas que pongan más nervioso a un padre que su hijo llore sin parar y no sepa el motivo. Lo que quizás desconocen es que muchas veces la culpa la tienen ellos. Ocho de cada diez ingresos de bebés en urgencias pediátricas obedecen a que sus progenitores se han excedido en la dosis de paracetamol líquido, mientras que la segunda causa corresponde a la administración de los anticatarrales que se venden en las farmacias sin receta.
«Es muy importante que los padres compren los fármacos con tapón de seguridad para garantizar que no se pasan con la dosis que deben administrar», explica el responsable de Calidad del Servicio de Urgencias de Pediatría del hospital de Cruces, el doctor Santiago Mintegi. El caso de los anticatarrales es «más serio», porque pueden provocar la muerte del niño, si bien es cierto que en el País Vasco no se ha registrado ningún caso. En este sentido, recomienda acudir al pediatra cuando el pequeño tenga tos «en lugar de acudir a la farmacia y comprar un fármaco de los que se venden sin prescripción médica».
El jarabe del abuelo
Mintegi también alerta del peligro letal que supone el consumo de determinados medicamentos en pequeñas dosis. «Me refiero a antidepresivos, pastillas o jarabes para la tensión, el corazón...», enumera. En este sentido, insiste en tomar «todas las precauciones posibles» para mantener los fármacos y productos tóxicos lejos del alcance de los niños. Aunque pueda resultar un mensaje de sobra conocido, los pediatras siguen atendiendo a pequeños por intoxicaciones «perfectamente evitables si se presta un poco de atención».
«Muchas veces los padres se vuelven locos para guardar los anticonceptivos y resulta que dejan el jarabe del abuelo a la vista de todos», ironiza el coordinador del Observatorio Toxicológico. A juicio de Mintegi, una buena manera de comprobar que los niños no llegan a los productos es ponerse de rodillas e intentar cogerlos. «Si nosotros no llegamos, ellos tampoco», señala.
El pediatra bilbaíno también alerta del peligro de los botes con formas atractivas o colores llamativos. «Son un imán para los niños», advierte. Entre los productos más tóxicos, Mintegi señala «ciertos corrosivos de baño, anticongelantes para el coche, las bolitas que envuelven determinados envíos postales, raticidas o los productos de tiendas y bazares que no llevan ningún tipo de identificación».
En cualquier caso, el doctor Santiago Mintegi insiste en que la gran mayoría de las intoxicaciones se quedan «en un susto», entre otras cosas porque los padres suelen reaccionar muy rápido. «Normalmente llegan a urgencias antes de que hayan pasado dos horas desde la ingesta».