Pete Mickeal (30 años, Rock Island) es un hombre de números. En su cabeza no sólo se ordenan las estadísticas de puntos, rebotes, porcentajes de tiro o recuperaciones acumuladas en cada partido que juega con el Baskonia. También se maneja con destreza para explicar las variaciones del Dow Jones y la depreciación del dólar. Es un inversor que se preocupa por cómo las fluctuaciones de la Bolsa afectan a ese «pequeño negocio» que financia con sus ahorros: es socio de una empresa de representación de jugadores. Y no tiene la menor duda de que la proclamación del próximo presidente de Estados Unidos también afectará a su futuro.
Su intenso calendario apenas ha dejado tiempo a este alero con alma de 'quarterback' para presentarse en la Embajada estadounidense de Madrid y cursar su solicitud de voto por correo. No pierde detalle, sin embargo, de la carrera a la Casa Blanca a través de Internet y de los especiales de la CNN y la cadena Fox News. Con datos frescos del registro previo de votantes, anticipa que «se va a batir un récord histórico de participación». Y eso dará, en su opinión, un claro ganador: Barack Obama. El alero no esconde su predilección por el candidato demócrata, por muchas reticencias que encuentre en la subida de impuestos que planea si es elegido. «No me convence eso de gravar con impuestos a los ciudadanos que generan más riqueza, pero es el momento para un cambio. Es la hora de Obama», proclama.
En cada llamada al hogar materno en Chicago, Mickeal constata la euforia que se vive en el estado por Illinois, donde el gran favorito para ocupar el Despacho Oval ha asentado los cimientos de su carrera política. «Para toda la comunidad negra es un auténtico héroe, un nuevo Martin Luther King. Nadie se hubiera imaginado que podría llegar a ganar las elecciones. Es un hombre con un carisma especial. La gente le adora».
Creciente impopularidad
Una carrera profesional itinerante por Europa ha permitido a Pete Mickeal observar con perspectiva los problemas de su país. También constata día a día la impopularidad creciente de la mayor potencia planetaria. Ya fuera en Moscú, Atenas, Lugo y en Vitoria -sus estaciones en el Viejo Continente- el malo siempre es el mismo. «En los últimos años, George W. Bush ha sido como el chico abusón de la clase, que manda sus tropas a pelear contra los países que no le gustan. Cada vez que un europeo me habla de nuestro presidente es para decirme que lo odia. En cambio, aquí todo el mundo sonríe cuando habla de Obama. Es como si también fuera a ser vuestro presidente», matiza Mickeal con sonrisa irónica.
Si se consuma el golpe de timón, el baskonista cree que habrá un cambio radical «en la percepción que el resto del mundo tiene de mi país». Pero si el poder republicano mantiene su acuartelamiento en Washington, mejor olvidarse de un hasta luego a las armas. «McCain quiere mandar más tropas a Irak... Lo contrario que Obama. No necesitamos más soldados muriendo en Irak». La política exterior puede quitar el sueño a Europa y al mundo árabe, pero Mickeal vislumbra una oposición interior férrea a los sueños de cambio del líder demócrata. «Los grandes bancos y las grandes empresas temen a Obama. Si sale elegido va ser un presidente con muchos enemigos», sentencia.