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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

LOS PARTIDOS INICIAN LA CARRERA ELECTORAL

Ni un hito ni un choque de trenes. El 25-O marcó el inicio de la pugna electoral, que se prevé intensa

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Euskadi entra en campaña
Alrededor de 4.000 personas conformaron en la localidad alavesa la palabra 'Erabakia' ('Decisión'). / RAFA GUTIÉRREZ
Cuando Juan José Ibarretxe anunció, hace ya más de un año, su intención de convocar una consulta popular aún no podía saber con exactitud que, en realidad, el 25 de octubre de 2008 no se abrirían las urnas, sino la carrera hacia ellas. De lo que sí era consciente, en cambio, era de la absoluta imposibilidad de celebrar un plebiscito cuyo impacto público se ha ido diluyendo desde que el Constitucional decretó su prohibición a finales de verano. La intención del lehendakari de votar «a las nueve y media de la mañana», el buzoneo de las papeletas, su aparente fe en arrancar un acuerdo a Zapatero... no fueron sino sucesivos actos de la teatralización voluntarista de su política.
El mismo 28 de septiembre de 2007, minutos después de que desgranase con todo lujo de detalles en la tribuna del Parlamento su 'hoja de ruta', el entorno de Ibarretxe reconocía que ya había previsto que su plan soberanista -el segundo en cinco años- chocaría con una barrera legal infranqueable. La idea era anticipar las elecciones autonómicas y aprovechar la inercia victimista para reeditar una victoria en términos similares a los de 2001.
Sin embargo, el batacazo del PNV en las generales, en las que el PSE logró aventajarle en los tres territorios, le rompió los esquemas. Ibarretxe se hizo con el timón o, al menos, logró condicionar el rumbo de la nave jeltzale, pero no tuvo más remedio que ceder en la fecha de los comicios, ante el clamor unánime del tripartito para espaciar las dos convocatorias con la esperanza de que el paso de los meses atemperase el ímpetu socialista.
En la lógica con la que fue concebida la 'hoja de ruta', la de ayer -o mejor, la de hoy, domingo- hubiese sido la jornada perfecta para convocar unas elecciones de tintes plebiscitarios. Pero la realidad, en ocasiones, estropea algo más que un buen titular. El 25-O ha reflejado, finalmente, no el choque de trenes entre soberanías que algunos pronosticaban sino una constelación de actos políticos al uso -a pesar del aire de romería euskaldun del tripartito, la escenografía a la americana del PSE o los esfuerzos de Basagoiti por suavizar la imagen del PP vasco a lomos de su flamante moto- que marcan el inicio de la pugna electoral.
Al margen de los intentos del entorno de ETA por salpicar de violencia y amenaza cualquier fecha señalada, el 25-O real se alejó de dramatismos. Distó bastante de marcar un hito. Bastaba con callejear por Vitoria -paseo al sol y compras sabatinas, viandantes ajenos al ajetreo de paraguas, a las protestas de la ultraderecha o al despliegue de antidisturbios- para comprobar que al ciudadano medio le solivianta más el bolsillo que la categoría de sujeto político del pueblo vasco.
No obstante, la campaña tiene vida propia y se prevé extraordinariamente larga e intensa. El PSE intentará que su candidato no acuse los efectos de su temprana proclamación y se presentará como valedor de la profundización del autogobierno y la vigencia del Estatuto, sin perjuicio de su posible reforma. Logrado ya el objetivo de medirse de igual a igual con Ibarretxe, López intentará identificarse con el acuerdo amplio y plural frente a la «radicalidad» del tripartito y Aralar. Los populares, por su parte, pugnarán por conservar su espacio con un baño de modernidad y la promesa de que serán la llave del cambio.
Más complejo resulta el papel de los jeltzales. El PNV ha logrado reconducir la confrontación a la que, sobre el papel, abocaba la consulta al redondear su apuesta por la mesura con el acuerdo presupuestario bendecido personalmente por Urkullu y Zapatero. El despliegue de ayer, con su mensaje soberanista, tocaba. Son las exigencias del pacto interno que aupó a Urkullu al frente del partido y que le obliga a hacer juegos malabares para compatibilizar el acercamiento al Gobierno central y la filosofía del 'Think Gaur' -puede comprobarse la pasión con la que desgrana a diario sus distintas vertientes en su blog- con discursos tan politizados como el de ayer, que, visto lo visto, ni siquiera garantizan una movilización espectacular. El líder del EBB querrá discurrir por la senda del pragmatismo pero la apelación a los sentimientos de pertenencia es consustancial a la personalidad del candidato de su partido. Como comenta con sorna un cargo nacionalista, aunque Urkullu coja el piolet para escalar, Ibarretxe es ciclista y no tiene intención de aparcar la bicicleta.
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