Juan José Ibarretxe no pudo votar ayer pero no dejó de sonreir. El lehendakari, flanqueado por una pléyade de cargos públicos e internos de las cuatro fuerzas políticas que le apoyan y ex dirigentes de relumbrón, bailó tímidamente y hasta tarareó las canciones en euskera que le dieron el deseado aire festivo al acto que finalmente celebraron ayer los peneuvistas y sus socios en lugar de la consulta popular prohibida por el Constitucional.
Las movilizaciones a favor de la paz y el derecho a decidir diseñadas por PNV, EA, EB y Aralar para dar realce a la fecha en la que debería haberse celebrado el plebiscito discurrieron según lo previsto en términos técnicos y políticos: actos eminentemente visuales para reivindicar la «soberanía» de Euskadi, su existencia como pueblo y su condición de «sujeto político» en igualdad de condiciones con España y Francia. Un mensaje que la dirección peneuvista preferiría atemperar en campaña en beneficio de un discurso más pegado al terreno y a las preocupaciones socioeconómicas del electorado, aunque ayer tanto la portavoz del Gobierno, Miren Azkarate, como Joseba Egibar dejaron claro que la 'performance' de las palabras humanas es sólo «un primer paso» en la reivindicación de las vías soberanistas porque las tesis que ha abanderado el presidente vasco «se mantendrán en el tiempo». La exigencia del derecho de libre determinación, coincidieron, «ha venido para quedarse».
Más discutible resultó la capacidad movilizadora de la iniciativa, aunque los organizadores cifraron en más de 20.000 el número de participantes en los seis actos que, de forma correlativa, se celebraron en seis localidades vascas entre Gernika y Vitoria. Según estos datos, la villa foral, Durango y Legutiano aglutinaron la mayor capacidad de convocatoria. La fiesta de la capital vasca resultó la menos concurrida, aunque acogió a la plana mayor del Gobierno y de los partidos que lo sustentan, a los tres diputados generales y a históricos nacionalistas como los ex lehendakaris Garaikoetxea y Ardanza y el ex burukide Xabier Arzalluz, y contó además con el bertsolari y presentador Xabier Euskitze como maestro de ceremonias.
Apenas congregó a 1.500 asistentes que fueron abandonando la cita antes de tiempo durante la interminable lectura del manifiesto que los convocantes consensuaron para dar un 'sí' múltiple al pueblo vasco, a la paz, al diálogo político y al derecho a decidir en cuatro idiomas: euskera, francés, inglés y, por último, castellano. Tres parlamentarios vascos -la peneuvista Eider Mendoza, Onintza Lasa, de EA, y Antton Karrera, de EB- y uno navarro -el representante de Aralar Patxi Telletxea- pusieron voluntad a la lectura multilingüe, que acabó por resultar no precisamente fluida.
El ambiente soleado de la jornada evitó quebraderos de cabeza al nutrido equipo técnico que llevaba semanas preparando el despliegue. El helicóptero alquilado por los convocantes para captar imágenes aéreas de las distintas palabras -que formaban la frase 'Euskal Herria. Bakea Bai. Erabakia Bai'- cumplió su cometido sin problemas en el cielo despejado. Las estampas se fueron retransmitiendo en la pantalla instalada en la Plaza de los Fueros de Vitoria, donde se puso el broche a la mañana festiva. Los organizadores habían provisto a los participantes con cartulinas blancas que servían para destacar las palabras en los distintos fondos de campo o asfalto y que servían además como 'souvenir' para el recuerdo: por una de sus caras llevaban impresa la Ley de regulación y convocatoria de la consulta que el Parlamento vasco aprobó a finales de junio gracias a un solitario voto prestado de la izquierda radical y los jueces anularon menos de tres meses después.
Hinchables y sidra
En Vitoria, el cartón se cambió por paraguas con los colores de la ikurriña que los esforzados asistentes abrían y cerraban a las órdenes de un animador y con los que seguían también el compás de la música popular euskaldun que no dejó de sonar. Toda una metáfora del recorrido de la consulta: el baile, las canciones -una de ellas compuesta 'ad hoc' por Euskitze con versos sobre el respeto a la decisión de los vascos y su fuerza intrínseca, e interpretada en directo por Miren Fernández y Jaime Peón-, el fragor de las ikurriñas, el reparto de sidra y los hinchables para los niños dieron un aire de romería popular a un acto que el PNV se planteó desde el principio como una convocatoria «amable» que no ahuyentase a sus potenciales votantes.
El lehendakari, promotor del fracasado plebiscito que inspiró las movilizaciones, prefirió quedarse en segundo plano y disfrutar de la fiesta sin protagonismo. Flanqueado por la presidenta del Parlamento, Izaskun Bilbao -con la que charló animadamente durante el acto- y el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, Ibarretxe evitó hablar en público. Pero sus razonamientos tradicionales resonaron en la Plaza de los Fueros en boca de los oradores. El rechazo a la soberanía francesa y española como «únicas fuentes de legitimidad», la defensa del diálogo «sin exclusiones» y la proclamación «ante Europa y el mundo» del derecho de los vascos a ser consultados llevaban su sello.